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Usar los macrodatos y el internet de las cosas para ayudar a poner fin a la pobreza

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La mayoría de nosotros ha sido bombardeado con visiones fantásticas del futuro, según las cuales no necesitaremos caminos, las máquinas se ocuparán de todas nuestras necesidades y un doctor podrá reemplazar el corazón humano por uno creado con una impresora 3D.

Ese tiempo se avecina. Vemos que los teléfonos inteligentes son cada vez más comunes, incluso en los países más pobres, y nos encontramos en el umbral de una nueva época, durante la cual la tecnología ayudará a solucionar algunos de los principales desafíos mundiales. ¿Pero la pobreza será uno de ellos? 

En el Grupo Banco Mundial, creemos que la respuesta a esa pregunta debe ser afirmativa. Nos hemos comprometido a hacer todo lo posible para ayudar a los países en desarrollo a aprovechar las ideas innovadoras y desarrollar el capital humano que necesitarán para competir en una economía del futuro en que predomina la tecnología.

Con este fin, interactuamos y aprendemos de innovadores y empresas de tecnologías disruptivas; colaboramos en el campo de la investigación, y exploramos nuevas alianzas para usar los datos, el conocimiento y las nuevas tecnologías, y de este modo ayudar a hacer realidad nuestro objetivo de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030.

La semana pasada en el Congreso Mundial de la Telefonía Móvil de 2018, (i) que se realizó en Barcelona, anuncié dos nuevas iniciativas que profundizan la alianza entre el Grupo Banco Mundial y la Asociación GSM (GSMA). (i) Estos nuevos esfuerzos nos abren la puerta para colaborar con miembros de la GSMA en todo el mundo y usar el poder de los macrodatos y el internet de las cosas (IdC) en los desafíos del desarrollo.

En primer lugar, nos hemos sumado a la iniciativa Los macrodatos al servicio del bien social (i) de la GSMA. En el Grupo Banco Mundial, tenemos algunas experiencias con el uso de datos móviles, por ejemplo, para ayudar a Haití a reconstruir su sistema de tránsito luego del terremoto de 2010. También los hemos utilizado para monitorear el flujo de refugiados en África, y para reducir la congestión y la contaminación vehicular en Filipinas.

A medida que la revolución digital avanza, las empresas tecnológicas desempeñarán
una función crucial en facilitar la conectividad para todos.

Segundo, estamos estableciendo junto con operadores móviles una nueva iniciativa, convocada por la GSMA, sobre los macrodatos del internet de las cosas. De la misma manera que los teléfonos inteligentes proporcionaron un nivel sin precedentes de nuevas oportunidades a los pobres  para acceder a los mercados y el financiamiento, creemos que el IdC puede acercarnos a nuestro objetivo de poner fin a la pobreza extrema.

Hemos visto el potencial del IdC para solucionar problemas intrincados: por ejemplo, la contaminación en espacios cerrados causada por cocinas que funcionan a base de biomasa como la leña o el estiércol animal. Esta polución causa la muerte de 4,3 millones de personas anualmente en el mundo, una cifra mayor que los decesos provocados en conjunto por el paludismo, la tuberculosis y el VIH/sida. En India, proporcionamos dispositivos basados en el IdC para identificar viviendas con niveles tóxicos de contaminación del aire, y posteriormente entregamos incentivos monetarios para alentar a las personas a usar cocinas y aparatos de calefacción no contaminantes, que salvan vidas.

Este es solo uno de muchos problemas que el IdC puede ayudar a resolver. El internet de las cosas ya cumple una función en la vacunación infantil al ser usado para monitorear la cadena de suministro. Y se utiliza también para mitigar el impacto de los desastres naturales, responder a las epidemias y mejorar la educación.

A medida que la revolución digital avanza, las empresas tecnológicas desempeñarán una función crucial en facilitar la conectividad para todos.  Las tecnologías que desarrollan serán esenciales para ayudar a los países a destrabar nuevos motores del crecimiento económico.

Es imperativo que encontremos esos nuevos caminos hacia la prosperidad. La vía tradicional para lograr crecimiento económico y crear empleos a través de la industrialización se cierra rápidamente. Ocupaciones de menor calificación desaparecen a medida que los robots comienzan a reemplazar a los trabajadores en las fábricas de prendas de vestir y en otras industrias.

Al mismo tiempo, con los teléfonos inteligentes y el acceso a internet, prácticamente todos pueden ver cómo viven los demás. Según estimaciones de algunos estudios, 8000 millones de personas en todo el mundo tendrán acceso a banda ancha en 2025.  Para entonces, es probable que casi todos los habitantes tengan un teléfono inteligente, un aparato que sabemos es un poderoso mecanismo de aceleración de las aspiraciones de la gente. Debemos asegurarnos de que estas aspiraciones se cumplan con oportunidades, y que no den lugar a frustraciones. De lo contrario, nos arriesgamos a que exista una mayor desigualdad e inseguridad en el mundo.

En definitiva: los niños en todas partes simplemente desean las oportunidades que ven en sus teléfonos inteligentes. Si aprovechamos la tecnología para abordar los mayores desafíos del desarrollo de nuestra época —desde la pobreza y la desigualdad a las epidemias, la hambruna y el cambio climático—; si ayudamos a los países a encontrar nuevos motores de crecimiento económico, entonces podemos hacer que el sistema de mercado mundial genere beneficios para todos y para el planeta. Esto es una tarea urgente, y no tenemos tiempo que perder.

Autores

Jim Yong Kim

Ex Presidente del Grupo del Banco Mundial

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