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Cuando un oficial de policía, un ex pandillero, un funcionario y un académico ingresan a una sala...

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Al entrar en una de las oficinas de California for Endowment, en Los Ángeles, fuimos recibidos con una gran sonrisa por parte de algunas caras amistosas: “¡Bienvenidos a la Conferencia para la prevención e intervención de la violencia pandillera en LA!” La mayoría de ellos eran ex pandilleros que le daban la bienvenida a policías, funcionarios, académicos, representantes de ONG y autoridades de los EE. UU. e internacionales a un diálogo de dos días tendiente a fortalecer un enfoque colaborativo e integrado para la prevención de la violencia.

En mayo último, la Coalición para la prevención de la violencia en el Gran Los Ángeles (VPCGLA, por sus siglas en inglés) organizó la tercera conferencia de su tipo, en un esfuerzo continuo de intercambio de información para discutir las lecciones aprendidas por algunos de los programas más exitosos de prevención e intervención de pandillas en los EE. UU., que en los últimos once años contribuyeron a un descenso en las tasas de criminalidad en Los Ángeles.

Este año, la Red RESOL-V – Soluciones para la Violencia —impulsada por el Banco Mundial— y TheHive apoyan la conferencia, que también reunió a un grupo de más de veinte organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil de nivel local de Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Brasil.  La actividad incluyó una visita de estudio de dos días, a la que se le unió otra delegación de América Latina y el Caribe a cargo de USAID, socio de RESOL-V.
 
Cuando preguntas qué causa la violencia, ésta deja de ser el problema de alguien”, fue la oración que marcó el tono de las discusiones. El principal objetivo de la conferencia fue examinar las causas profundas de la violencia pandillera, aportar soluciones potenciales para su resolución e intercambiar experiencias en torno a estos problemas con otras personas, desde su propia perspectiva profesional y personal.

Luego escuchamos historias de sobrevivientes de esta violencia que decidieron ayudar a otras personas en su misma situación; escuchamos a ex pandilleros que tuvieron una segunda y tercera oportunidad y que fueron capaces de rearmar sus vidas para ayudar a otros a seguir sus pasos; aprendimos cómo algunas ciudades fueron capaces de unirse a través de esfuerzos colaborativos únicos para rehabilitar a ex convictos y evitar que la juventud se uniese a las pandillas, dejando atrás el enfoque de mano dura hacia un enfoque integrado que incluye una combinación de prevención, intervención y aplicación, con una fuerte participación de la comunidad y liderazgo político.
 
Tuvimos la oportunidad de escuchar a ex pandilleros hablar sobre lo que consideran son las causas detrás de la violencia pandillera y las razones por las que una vez fueron parte de este fenómeno. Compartieron historias de hogares quebrados que derivaron en una búsqueda de sentido de pertenencia y aceptación; hablaron sobre exclusión y falta de oportunidades, sobre crecer en lugares donde la violencia forma parte de la relación con y entre miembros de la familia y vecinos, y compartieron historias sobre los eventos traumáticos que más tarde influenciarían su comportamiento e impactarían en sus vidas.

Como dijeron varios expositores, una y otra vez: “gente dañada, gente dañada”. Los panelistas subrayaron la importancia de incluir enfoques con atención a la salud mental en las intervenciones preventivas.  También dejaron en claro que debemos ir más allá de nuestra preocupación por la juventud, que comprende a la mayoría de las víctimas y autores de la violencia, y el fortalecimiento de las instituciones, para trabajar también con las familias.

Este fue uno de los principales mensajes de Suzana Flores de Honduras, por ejemplo. “Tenemos que seguir fortaleciendo las habilidades sociales de los padres, la protección, la salud y la reafirmación positiva con una disciplina adecuada y no abusiva que genere una relación de confianza en el hogar”, dijo Suzana luego de una de las sesiones plenarias.
 
La visita de estudio nos expuso a una gama de políticas, programas y estrategias para la prevención de la violencia que han demostrado su eficacia en LA. “Imaginen si cada sobreviviente de la violencia se convirtiera en un activista”, dijo el Viceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Javier Martínez, inspirado en nuestra visita a L.A.U.R.A (Life After Uncivil Ruthless Acts, Vida luego de implacables actos de criminalidad), una organización sin fines de lucro enfocada en el empoderamiento y el apoyo de la juventud, víctimas-sobrevivientes y sus familias y compuesta por personas cuyos seres queridos han sido asesinados.

Este fue el mismo pensamiento que muchos de nosotros tuvimos cuando dejamos Homeboy Industries, el mayor programa de intervención de pandillas de los EE. UU., en donde ex pandilleros y ex convictos de ambos sexos reciben capacitación, habilidades laborales, apoyo psicológico y judicial, remoción de tatuajes y otros servicios. “El cambio es posible, no importa cuán difícil sea el contexto”, explicó Duc Ta, un ex pandillero sentenciado a 35 años.
 
El ex director del programa Reducción de Pandillas y Desarrollo Juvenil en LA (GRYD, por sus siglas en inglés), Guillermo Céspedes, nos habló de cómo la ciudad se dio cuenta que, a menos que intentara reducir los factores de riesgo y no solo la violencia, el ciclo de esta última nunca sería extirpado de raíz. Por lo tanto el programa juntó a trabajadores de la prevención con policías, escuelas y organizaciones comunitarias en aquellas áreas con las tasas más elevadas de criminalidad pandillera, que a su vez ostentaban tasas extremadamente altas de ausentismo y abandono escolar, pobreza y desempleo, para brindar servicios a los jóvenes y evitar su reclutamiento por parte de las pandillas.

“Los proyectos más exitosos no son necesariamente aquellos con más recursos, sino aquellos con la mayor participación comunitaria”, dijo Gonzalo Suárez, quien se nos unió desde México luego de visitar una de las organizaciones becarias de GRYD.
 
También quedó claro que todos estos esfuerzos fueron exitosos debido a la existencia de un sólido marco colaborativo compartido, multisectorial y con múltiples organismos, donde también fue crucial la voluntad política y la participación comunitaria. La VPCGLA y la Red de ciudades californianas para la prevención de la violencia son buenos ejemplos de esto.

Este tipo de iniciativas le permitió a LA evolucionar de una “perspectiva programática” a una “perspectiva estratégica” en su manejo de la prevención de la violencia. La clave del éxito en este tipo de alianzas llevadas a cabo en LA, dijo Annie Lyles, gerente de programa en el Prevention Institute, es que “no están solo para compartir experiencias, sino también para pensar conjuntamente en cómo hacerlo”.

Y esto es exactamente lo que ocurrió en esos días, cuando un oficial de policía, un ex pandillero, un funcionario y un investigador entraron a una sala...
 
La próxima actividad de intercambio de conocimiento de RESOL-V tendrá lugar en Guatemala en noviembre, y se centrará en Violencia juvenil. Si quiere saber más sobre RESOL-V, o unirse a ella, por favor póngase en contacto con Andrés Villaveces – avillaveces@worldbank.org.

Haga clic aquí para ver algunas de las sesiones de la conferencia LA Gang.

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