Aprendizaje para todos: desigualdades de aprendizaje en los países del mundo

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A girl pays attention in a classroom in El Renacimiento school, in Villa Nueva, Guatemala. Photo: Maria Fleischmann / World Bank
A girl pays attention in a classroom in El Renacimiento school, in Villa Nueva, Guatemala. Photo: Maria Fleischmann / World Bank

En un blog anterior, destacamos la importancia de monitorear el aprendizaje para todos desde la perspectiva del mínimo nivel de competencia, que se enfoca en aquellos alumnos que se ubican en la parte inferior de la distribución de aprendizajes, según lo acordado por los países en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Examinamos cómo han cambiado los niveles de aprendizaje a lo largo del tiempo, mostrando que esta medida es sensible a los cambios en la distribución del aprendizaje y que el incremento en la desigualdad de aprendizajes siempre ha venido de la mano con el empeoramiento de los resultados educativos.

¿Qué se nos viene a la mente cuando pensamos en desigualdad de resultados educativos? La mayoría de personas piensa inmediatamente en disparidades en función del sexo, estatus socioeconómico, o raza y etnicidad. Esos son ejemplos de desigualdad horizontal, es decir, desigualdad entre grupos conformados según distintos niveles sociales y culturales. Desafortunadamente, la desigualdad horizontal sigue siendo generalizada. En Afganistán, hay dos veces más niñas que niños entre 9-12 años que nunca han asistido a la escuela. En Brasil, los jóvenes del quintil superior de ingresos tienen 55% más probabilidades de completar la secundaria que los jóvenes del quintil inferior. Y en Estados Unidos, los alumnos asiáticos tienen el doble de probabilidades de graduarse de la universidad que los estudiantes de raza negra.

También existe la desigualdad al interior de los grupos, la misma que se conoce como desigualdad vertical. El diferenciar entre estos dos tipos de desigualdades –entre grupos (desigualdad horizontal) y al interior de los grupos (desigualdad vertical)– resulta valioso para el diseño de políticas, ya que las herramientas y enfoques que se requieren para abordar a cada una son bastante distintos. Se ha escrito mucho sobre las desigualdades en el acceso; en este blog nos centramos en las desigualdades de aprendizaje.

Desigualdad entre grupos

El panel de información interactivo que se muestra abajo contiene datos provenientes de 109 países recogidos a lo largo de más de 16 rondas de evaluaciones de aprendizaje internacional desde el año 2000, con observaciones sobre más de 6 millones de estudiantes. Elija un país, evaluación, materia y desglose –por sexo, urbano/rural, o quintil de estatus socioeconómico (ESE)– para ver cómo difieren los resultados de los estudiantes entre los grupos. Además de los gráficos de distribución, una tabla reporta las principales estadísticas generales de estos grupos: la media, la desviación estándar de las puntuaciones (DT) y el nivel de competencia utilizado para monitorear el ODS 4.1.1 (o cualquier porcentaje de alumnos por debajo de un umbral de competencia elegido en nuestro dataviz interactivo).

Enfoquémonos en el porcentaje de estudiantes por debajo del mínimo nivel de competencia. Es habitual medir la desigualdad reportando la brecha entre los grupos. Sin embargo, resulta fundamental evaluar el desempeño general del sistema, no solo su desigualdad: la igualdad de oportunidades entre grupos  en un sistema educativo de bajo desempeño no es suficiente para brindar aprendizaje para todos. Por ejemplo:

  1. Senegal y Canadá tenían la misma brecha de aprendizajes entre alumnos de distintos ESE en los más recientes resultados PISA-D/PISA: los alumnos del quintil ESE superior tenían 15% más probabilidades de lograr el mínimo nivel de competencia en lectura que los alumnos del quintil inferior. Sin embargo, los niveles promedio eran dramáticamente distintos: en Senegal, el 91% de los alumnos se encontraba por debajo del mínimo nivel de competencia, mientras que en Canadá, solo el 14% lo estaba. 
  2. Perú tenía la mayor brecha enter estudiantes de distintos ESE en lectura en la última ronda de PISA, con 57%. A pesar de las grandes desigualdades entre los grupos, los niveles no son bajos. De hecho, los peruanos de altos ingresos logran resultados de aprendizaje superiores que los del estudiante promedio en Luxemburgo

Figura 1- Distribución de resultados de pruebas por grupos al interior de un país 

Figure 1
 


Estas diferencias entre grupos – sexo, urbano/rural y quintiles de ESE– representan solo una pequeña parte de la historia. En conjunto, representan el 13% de la desigualdad total de resultados al interior de un país (la desigualdad entre los quintiles de ESE es la más relevante de las tres). Sin entrar en mucho detalle, llegamos a este número calculando los índices de desigualdad de tipo Entropía Generalizada. Lo que es especial de este tipo de medidas de desigualdad es que se trata de un subgrupo consistente y aditivamente descomponible. Esto quiere decir que permite dividir la  desigualdad total entre y al interior de los grupos.

Desigualdad al interior de los grupos

Pueden noten que los grupos mencionados anteriormente no logran capturar las diferencias en cuanto a recursos con que cuentan las escuelas y disparidades regionales. SI consideramos a cada escuela que participa en la evaluación como un grupo, encontramos que  el 34% de la desigualdad es entre escuelas y el 66% al interior de las escuelas. 

Aun si se combinan ambos enfoques, considerando subgrupos con todas las combinaciones posibles de escuelas, urbano/rural, sexo de los alumnos y quintiles de ESE, encontramos que solo la mitad de la desigualdad se da entre estos subgrupos. Obviamente, la cifra exacta varía según la materia, el país y el año. Pero la conclusión global permanece estable a lo largo del tiempo y a través de las evaluaciones (y puede explorarse en nuestra visualización de la información): la mitad de la desigualdad se da entre alumnos de la misma escuela con el mismo sexo y en el mismo quintil socioeconómico. 
 

Figura 2- Descomposiciones de desigualdad entre y al interior de los grupos 

Figure 2
 


Estos hallazgos, por un lado, invitan a la reflexión y, por el otro, resultan alentadores. El darnos cuenta de que las rutas habituales para enfrentar la desigualdad en la educación –igualar el aprendizaje entre los grupos– solo nos llevarán a la mitad del camino hacia nuestra meta, nos invita a reflexionar. Es alentador, sin embargo, encontrar tantas variaciones en el aprendizaje para alumnos paises similares: esto quiere decir que puede lograrse un gran progreso si se lleva a todos los alumnos de un grupo al nivel de los más destacados.¿Por qué importa y qué se puedeo hacer al respecto? 

Este ejercicio de descomponer la desigualdad en las evaluaciones de aprendizaje muestra la importancia de monitorear las desigualdades de aprendizaje tanto horizontales como verticales o las desigualdades entre y al interior de los grupos. La desigualdad al interior del grupo es una medida para aquello que no puede atribuirse a las características observables de los alumnos, como su sexo, estatus socioeconómico y la escuela a la que asisten. Lo que sigue siendo inobservable es complejo: los educadores y psicólogos han desarrollado medidas para capturar y explicar las diferencias de aprendizaje entre los alumnos; sin embargo, aplicar estas medidas a mayor escala y de manera comparable entre países sigue siendo un reto. 

En adelante, es esencial ser deliberados e intencionales con relación a qué medimos y cómo lo medimos: 

  1. Elegir medidas que sean sensibles a los cambios en la desigualdad: Los resultados anteriores subrayan que la desigualdad al interior de los grupos (desigualdad vertical) es significativa, especialmente entre los alumnos más desfavorecidos. Por ello, es crucial complementar las medidas estándares de desempeño del aprendizaje con indicadores sensibles a la desigualdad. Para una discusión sobre medidas que se centren en aquellos alumnos por debajo del mínimo nivel de capacidad y que sean sensibles a la distribución, consultar este artículo presentado en la última reunión del Grupo de Cooperación Técnica ODS.  
  2. Una instrucción diferenciada permite reducir la desigualdad vertical: Una instrucción en el aula que sea atractiva y se encuentre alineada con los niveles de aprendizaje  en el que se encuentra cada niño, como los métodos de Enseñanza al Nivel Adecuado (TARL por sus siglas en inglés) o planes de estudio estructurados, prioriza el que todos los niños dominen las habilidades básicas. Estos enfoques fueron destacados como parte de las “Smart Buys” o  “Compra inteligente” para educación. Para análisis más profundos acerca de los aspectos que han hecho que estos enfoques sean exitosos, revisar los principios ALIGNS, que tratan del establecimiento de objetivos de aprendizaje claros, coherencia en la instrucción, apoyo a maestros y prominencia contextual. 
  3. Identificar aquellas unidades de las cuales puedan extraerse lecciones valiosas: El monitoreo de desigualdades horizontales y verticales puede ser una poderosa estrategia para personalizar recomendaciones de políticas e identificar las desviaciones positivas. El contexto sí importa: una intervención que mejora el aprendizaje en un país con poca desigualdad puede no ser igualmente efectiva en un país con mucha desigualdad. Igualmente, al interior de un país o distrito, el identificar las escuelas con las menores desigualdades verticales puede arrojar luz sobre nuevas estrategias efectivas para lograr que todos los niños aprendan.

Para poder enfrentar la desigualdad en la educación se necesitan medidas cuidadosas y el uso de medidas sensibles a los cambios en la desigualdad. Los esfuerzos para igualar el aprendizaje entre los grupos son esenciales, pero no suficientes. También debemos escalar programas e intervenciones que reducen las diferencias de aprendizajes entre alumnos similares al interior de las escuelas y los grupos demográficos. Contamos con las herramientas para hacerlo y se lo debemos a nuestros niños. 
 

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