Historia, desastres y resiliencia: la crónica de Antigua Guatemala

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Los desastres han caracterizado la historia de Antigua Guatemala desde su fundación. El emplazamiento actual es de hecho el tercer establecimiento de la capital Santiago de los Caballeros de Guatemala. Tras un destructivo lahar del Volcán de Agua, se reestableció allí en 1542 y duró hasta que el terremoto de Santa Marta la destruyó en 1773. La capital se trasladó definitivamente a la Ciudad de Guatemala, pero los habitantes que sobrevivieron fueron reconstruyendo poco a poco su ciudad, empezando a referirse a ella como Antigua Guatemala.

Durante más de dos siglos y medio la ciudad fue uno de los centros políticos, económicos, religiosos, educativos y culturales más importantes del continente. Fue fundada como capital de la Capitanía General de Guatemala, también conocida como Reino de Guatemala, dependiendo directamente del Consejo de Indias y con jurisdicción sobre un territorio que abarcaba la mayor parte de Centroamérica hasta el sur de México. 

Gracias al abandono parcial de la ciudad en 1776 y a las regulaciones que prohíben la reparación y construcción de nuevos edificios, tanto las ruinas como el diseño urbano de la cuadrícula renacentista de la ciudad del siglo XVI quedaron conservados como signos de identidad de Antigua Guatemala, convirtiéndola en Patrimonio de la Humanidad de UNESCO en 1979.

Antigua Guatemala cuenta hoy con numerosos atributos culturales tangibles, como las ruinas, edificios históricos y museos. Pero también están los intangibles, retratados en el diseño urbano renacentista, el paisaje natural -caracterizado por los volcanes que rodean la ciudad-, y el llamado Barroco Antigüeño, una adaptación regional del estilo barroco, diseñado para resistir la intensidad de los temblores habituales en la región. Antigua fue también un centro para la exportación de imágenes y estatuas religiosas al resto del continente americano y a España durante los siglos XVII y XVIII.

Este tipo de arte tradicional permanece presente en las celebraciones de Semana Santa, en las procesiones con los pasos o imágenes que conmemoran la pasión y muerte de Cristo, otro signo fundamental de identidad que atrae a un número cada vez mayor de visitantes cada año. 
 

Artesanas descansan junto a unos pasos de la Semana Santa. (Foto: BMG, 2015)
 

La ciudad de Antigua Guatemala es un ejemplo de resiliencia histórica cuyo característico patrimonio cultural es en parte resultado de la sucesión de desastres a lo largo de su historia. Pero ya han sido bastantes y no quiere más en el futuro.

Las amenazas son naturales, pero los desastres no. Fortalecer capacidades y conocimiento sobre el riesgo y la reducción del mismo, y establecer medidas eficientes de preparación y respuesta de emergencia, son fundamentales para evitar futuras catástrofes, especialmente al referirnos al patrimonio cuya pérdida puede ser irremplazable. 

Guatemala está situada en el Anillo de Fuego, entre los océanos Atlántico y Pacífico, en una de las regiones más proclive a sufrir amenazas naturales del planeta. Algunos eventos recientes incluyen los terremotos de magnitudes 8.3 y 7.5 en 1942 y 1976 respectivamente, los huracanes Mitch en 1998 y Stan en 2005, la tormenta tropical Ágata, y deslizamientos de lodo del Volcán de Agua en 2010, y la erupción del Volcán de Fuego en 2018.

Además de Antigua, Guatemala cuenta con otros dos sitios en la lista de Patrimonio Mundial (Las Ruinas de Quirigua y Tikal), así como al menos 2 200 sitios arqueológicos que datan de la época prehispánica (desde alrededor del 2000 a.C. hasta el 1524 d.C.), y numerosos monumentos y edificios coloniales y republicanos, amenazados frecuentemente por sismos, movimientos de tierra, erupciones volcánicas y eventos afectados por el cambio climático, como huracanes e inundaciones. Establecer planes de gestión del riesgo de desastres para el patrimonio cultural es esencial para proteger estos legados históricos.

Y en este sentido, Guatemala va un paso por delante. Mientras la mayoría de países no suelen incluir el patrimonio cultural dentro de sus planes de gestión de riesgo, la Secretaría Ejecutiva de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (SE-CONRED) y el Ministerio de Cultura y Deportes han comenzado a trabajar conjuntamente para asegurar la protección del patrimonio guatemalteco frente a futuras amenazas y la recuperación resiliente tras las inevitables. 

El Banco Mundial ha estado trabajando en gestión de riesgo de desastres con autoridades y agencias gubernamentales a nivel nacional y local desde 2006.  Tras la erupción del Volcán de Fuego el 3 de junio de 2018, proporcionó apoyo en cuestión de días en coordinación con el Fondo Global para la Reducción y Recuperación de Desastres (GFDRR). Se identificaron dos áreas clave de acción: (i) determinar el impacto económico general del evento para integrarlo en el plan de recuperación y las actividades de reconstrucción, y (ii) proponer un plan con múltiples partes involucradas a corto, mediano y largo plazo, para mejorar la gestión de riesgo en Guatemala y prevenir o actuar en caso de potenciales futuros desastres. Como parte de esta iniciativa se celebró un taller sobre este tema para Patrimonio Cultural en marzo de 2019.

El principal resultado fue una hoja de ruta para integrar la gestión de riesgo de desastres y patrimonio en Guatemala, que fue presentada durante el Taller Internacional de Presentación de Avances a un año de la erupción de Volcán de Fuego, celebrado en Guatemala el 28 de mayo de 2019, e incluida en el informe Guatemala – Estudio sobre Gestión del Riesgo de Desastres y Patrimonio Cultural, publicado en junio de 2019. 

Antigua Guatemala ha tenido ya suficientes desastres perfilando su historia; es hora de fortalecer la resiliencia del país para proteger y preservar su patrimonio cultural. 

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Autores

Rodrigo Donoso Arias

Disaster Risk Management Specialist

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