Por qué implementar un sistema alimentario climáticamente inteligente

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La agricultura se ha visto afectada por el crecimiento de la población mundial y el cambio en la alimentación, lo que se ha traducido en un incremento en la demanda de alimentos. Aunado a esto, el cambio climático y la pandemia de COVID-19 han evidenciado las vulnerabilidades en las cadenas de valor, así como en la distribución de los productos donde existe inseguridad alimentaria por una parte y por otra, pérdidas y desperdicios. Para corregir las debilidades, será necesario mejorar la competitividad del sector agrícola de cada país.

Agricultora en Chiapas

La seguridad alimentaria, la pobreza y el cambio climático están estrechamente ligados. En países donde la economía se basa principalmente en la agricultura, el desarrollo del sector agrícola es la medida de reducción de la pobreza más eficiente , pues puede crear puestos de trabajo y aumentar los ingresos de los pequeños agricultores y los residentes rurales, que son el 78% de los pobres en el mundo. Sin embargo, para lograr la seguridad alimentaria, el mundo necesitará producir  70% más de alimentos en 2050 para alimentar a una población estimada de 9,000 millones de personas.

La expansión agrícola necesaria para alcanzar las metas de producción de alimentos y desarrollo económico se produce a expensas del suelo, el agua, la biodiversidad o los bosques. Además, la agricultura genera entre el 19% y el 29% del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

La agricultura inteligente con respecto al clima (CSA, por sus siglas en inglés) es un enfoque integrado para la gestión de los paisajes (las tierras de cultivo, la ganadería, los bosques y la pesca) que aborda dos desafíos interrelacionados: la seguridad alimentaria y el cambio climático. Este enfoque es esencial para reducir las emisiones debidas al cambio de la cobertura terrestre y la deforestación, y también es indispensable dada la mayor escasez de tierra y agua y la necesidad de equilibrar las consideraciones alimentarias, energéticas y climáticas.

Algunos de los efectos positivos de implementar la CSA son:

  • Mayor productividad. Aumentar la eficiencia en el uso de la tierra ayudará a producir más alimentos, mejorará la seguridad alimentaria y nutricional, y elevará los ingresos de los más pobres.
  • Mayor resiliencia. En muchas regiones, la agricultura es un negocio altamente riesgoso. Una mayor inversión en la gestión de los riesgos climáticos, que están ocurriendo más rápidamente y con mayor intensidad, ayudará a comprender y planificar los cambios que serán necesarios para adaptar la producción agrícola.
  • Menos emisiones. Buscar generar menos emisiones por cada caloría o kilo de alimentos producido, evitar la deforestación a causa de la agricultura y encontrar maneras de extraer el carbono de la atmósfera.
  • Mejorar la nutrición. Las inversiones agrícolas pueden ayudar a mejorar los resultados nutricionales con semillas mejoradas y a producir alimentos con mayor contenido de nutrientes como las legumbres, los lácteos, el pescado, los vegetales y las frutas.
  • Fortalecer la cadena de valor de los alimentos y mejorar el acceso al mercado. La CSA no se limita a las actividades agrícolas, sino que se puede implementar en toda la cadena de valor. El mundo se encuentra cada vez más urbanizado y, por consiguiente, se consumen más alimentos en las ciudades. Es importante que los países cuenten con caminos y sistemas de logística en mejores condiciones, más información sobre los precios de mercado, así como mejores procesos de manipulación y almacenamiento de alimentos para reducir las pérdidas y los desperdicios y mejorar la seguridad de éstos.
  • Garantizar el acceso a tecnologías climáticamente inteligentes existentes y nuevas para los agricultores pobres. Estas tecnologías pueden ayudar a reducir las brechas de rendimiento y mejorar la resiliencia de los agricultores. Las tecnologías "climáticamente inteligentes" varían de una región a otra, son increíblemente diversas y reflejan la especificidad del contexto, de las oportunidades, limitaciones y vulnerabilidades.
  • Cerrar la brecha de género. Los datos muestran que, si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso a los recursos que los hombres, ellas podrían aumentar el rendimiento de sus fincas hasta en un 30%, producir mayor volumen de alimentos y, potencialmente, reducir en un 15% el número de habitantes que sufren hambre. Además, las mujeres poseen, en comparación con los hombres, menos activos y tienen acceso a menos tierra, menos insumos y menos servicios financieros.

Las estrategias diseñadas bajo un enfoque de CSA toman en cuenta contextos y capacidades específicos, así como situaciones económicas, ambientales y sociales, incluidas las relaciones de género. También incluyen la consideración de prácticas, programas y políticas innovadoras. Los agricultores en México han comenzado a adoptar una variedad de técnicas de CSA: agrosilvicultura y producción orgánica en café, silvopastoralismo, biodigestores, eficiencia energética, energías renovables, mejora del ambiente de sistemas intensivos, mejoramiento de forrajes, mejoramiento genético en el ganado, rotación de cultivos en maíz, trigo y frijoles, y prácticas de agricultura de conservación en maíz y trigo.

Con el apoyo del Banco Mundial,  el Proyecto de Manejo Sostenible de Recursos Naturales y Adaptación al Cambio Climático (DACC) respalda la intensificación sostenible a través de varias iniciativas en Uruguay, como la creación de un Sistema Nacional de Información Agropecuaria (SNIA) y la elaboración de planes de manejo de suelos. Como resultado del proyecto de Desarrollo Rural Sostenible de México, 1,842 agronegocios adoptaron 2,286 tecnologías ambientalmente sustentables que incluían energía renovable, tecnologías de eficiencia energética, manejo sustentable de residuos y conversión de biomasa.

El logro de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible depende de la capacidad de proporcionar un sistema alimentario climáticamente inteligente. La CSA puede generar alimentos más nutritivos, liderar la gestión de los recursos naturales del mundo, e incluso ser parte de la solución al cambio climático. Asimismo, puede crear empleos, reducir la pobreza y aumentar la prosperidad.

 

 

Autores

Carlota Molina

asociada de asuntos externos del Banco Mundial

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