¿Puede una mayor equidad de género mejorar la recaudación y la eficiencia del gasto público en Uruguay?

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Imagen de la campaña #MujeresUruguay del Banco Mundial Imagen de la campaña #MujeresUruguay del Banco Mundial

¿Por qué algunos hogares pagan más impuestos o reciben más transferencias que otros? Puede ser porque muchas decisiones de política pública tienen efectos diferentes en distintos grupos de la población. Sin embargo, su diseño no siempre toma en cuenta factores importantes como las diferencias que las personas enfrentan en la sociedad y la economía a raíz de su género. Esto tiene consecuencias en la eficiencia del gasto público, la pobreza y la desigualdad.

Las brechas de género en participación en el mercado laboral, salario, ocupación y uso del tiempo, por ejemplo, influyen en la carga de impuestos directos  (como el impuesto a la renta) que realmente pagan las mujeres en comparación a los varones. A pesar de que hay muchos estudios de la incidencia de la recaudación y el gasto público en la sociedad, pocos han incorporado la dimensión de género en el análisis. Esta omisión limita la posibilidad de entender qué rol juega la composición de los hogares en las decisiones sobre impuestos y gastos.

Analicemos el caso de Uruguay: El tipo de hogar más común está formado por una pareja más personas (hijos u otros) menores de 25 años, seguido por hogares de parejas sin hijos. Otro tipo de hogar relevante en el país es el unipersonal, que actualmente representa a 1 de cada 5 hogares. La mitad de estos hogares están integrados por solamente una mujer y la otra mitad por solamente un varón, aunque ambos hogares unipersonales presentan características diferentes. Por ejemplo, el 70% de los hogares unipersonales femeninos está integrado por una jubilada o pensionista, comparado con solo el 30% de los unipersonales masculinos.

A diferencia de los hogares unipersonales, en los hogares monoparentales (donde hay solo un adulto a cargo de menores de 25 años) existen importantes diferencias de género. En particular, la proporción de mujeres solas con menores de 25 años es considerablemente mayor que la de varones en esta situación. Además, estos hogares tienen una mayor probabilidad de ser pobres (21.2%), comparado con una tasa de pobreza del 9.2% en los hogares monoparentales masculinos y del 9.1% en los hogares formados por una pareja con menores de 25 años.

Distribución de hogares

A. Clasificación demográfica Image

B. Clasificación económica Image

Nota 1: En el Panel A, los hogares monoparentales femeninos (masculinos) son aquellos integrados por una mujer (varón) y menores de 25 años. Aunque esta definición no impone una relación de parentesco directa entre el jefe/a del hogar y el menor, en el 86.2% de los casos los menores de 25 años son hijos del jefe/a del hogar.

Nota 2: En el Panel B, los hogares con primacía de ingresos femeninos (masculinos) son aquellos en los que las mujeres (varones) aportan más del 55% del total de ingresos laborales del hogar.

Nota 3: Si bien existen datos más recientes, el estudio utiliza la Encuesta Continua de Hogares (ECH) 2017, ya que ese es el año base del último análisis de incidencia fiscal disponible para Uruguay (Bucheli, Lara y Tuzman, 2020).

Uruguay: género y equidad

Uruguay ha registrado un sustancial avance hacia la igualdad de género en los últimos años, pero todavía persisten brechas importantes. Por ejemplo, las mujeres participan menos en el mercado laboral que los varones, a pesar de estar igual o mejor calificadas. Además, las mujeres ganan en promedio entre 20 y 30% menos en empleos similares que los varones,  son más propensas a estar ocupadas en tareas informales y tienen menor probabilidad de ser empleadoras o propietarias de negocios. Las mujeres también tienen una mayor carga del trabajo no remunerado en el hogar y en los cuidados, al que dedican un 20% de su tiempo (frente al 8% del tiempo de los varones).

De estas brechas ya hemos hablado. Pero con esos datos sobre la mesa, cabe preguntarse cuál es el impacto que las reformas fiscales pueden llegar a tener en hogares con distinta composición de género.

Para dar respuesta a estas cuestiones, el equipo de Pobreza y Equidad del Banco Mundial está trabajando en un estudio que, entre otras cosas, permite observar la composición de los hogares en términos demográficos y económicos y su situación de vulnerabilidad.

Y así es como se puede saber que en casi la mitad de los hogares en Uruguay los varones son la principal fuente de ingresos laborales del hogar, mientras que solo en un cuarto de ellos las mujeres son las principales generadoras de ingresos. Los hogares en los que los ellos y ellas contribuyen de forma equitativa son solamente el 6.7% del total, a pesar de que ambos sexos trabajan en el 36.4% de los hogares del país. Los hogares donde las mujeres son la principal fuente de ingresos son más propensos a ser pobres. La menor incidencia de pobreza se da entre los hogares donde ambos sexos contribuyen equitativamente a los ingresos laborales del hogar.

En los hogares formados por parejas con hijos, cuando uno de los dos no trabaja, suele ser la mujer. La brecha de género en participación laboral es más del doble en los hogares con hijos que en los hogares sin hijos. No solo es más probable que las mujeres en pareja trabajen si no tienen hijos, sino también que sean la principal fuente de ingresos del hogar. Esto sugiere que las mujeres sin hijos tienden a trabajar más horas, en ocupaciones mejor pagadas, o ganar salarios más altos que las mujeres con hijos.

Las desigualdades de género que todavía persisten, sumadas a la situación demográfica del país, generan una base sobre la que actúan las políticas. La incorporación de la perspectiva de género en el análisis de incidencia de la recaudación y el gasto público permitiría abordar estos temas y dar respuesta a cuestiones clave en el diseño de políticas públicas como las siguientes: ¿Cómo podría afectar una relocalización del gasto público? ¿Cómo mejorar la eficiencia del gasto y la recaudación sin afectar desproporcionadamente a los hogares más vulnerables? Intentaremos explicarlo en el estudio.

 


Autores

Ruth Llovet Montanes

Economista del programa de Jóvenes Profesionales del Banco Mundial

Diego Tuzman

Consultor en políticas sociales, modelos macroeconómicos, y educación

Ximena Del Carpio

Gerente de la Práctica de Pobreza del Banco Mundial

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