El Proyecto de Capital Humano y el Índice de Capital Humano se pusieron en marcha hace algo más de seis meses en Bali, pero el tenor de las conversaciones sobre la inversión en salud ya ha cambiado. Ante el creciente reconocimiento de que una buena salud, nutrición y educación de la población pueden sentar las bases de un crecimiento económico sostenible, se están impulsando políticas tendientes a la cobertura sanitaria universal, esto es, una atención de salud de calidad y asequible para todos sin correr riesgos financieros.

Hoy se comprende mejor que una fuerza de trabajo bien instruida, saludable y bien nutrida genera mayores dividendos para la economía que la mera construcción de nuevos caminos y puentes. (i) Por ejemplo, en un ensayo controlado aleatorio realizado en Jamaica (i) se comprobó que una simple intervención de bajo costo, como el que un trabajador de la salud comunitario enseñara habilidades parentales a los miembros de la comunidad, puede elevar en un 25 % los ingresos de las personas dos décadas después. Pequeños aumentos del peso al nacer, un indicador clave de la salud intrauterina, significan mayores ingresos durante toda la vida, (i) en tanto que la disminución del tabaquismo a razón del equivalente de alrededor de cinco paquetes/año incrementa los ingresos en un 7 %. (i) Si bien las inversiones en infraestructura pueden ser rentables en menos tiempo, las inversiones en salud permiten contar con una fuerza de trabajo productiva que transmite los beneficios de una generación a otra.

El Proyecto de Capital Humano ha aumentado el diálogo en más de 60 países que se han comprometido a acelerar las mejoras de los resultados en esta materia. Los ministerios de Finanzas están liderando los esfuerzos. Desde las Reuniones Anuales del Banco Mundial celebradas en octubre de 2018, estos países han emprendido amplias iniciativas para formular estrategias que les permitan abordar los principales obstáculos para mejorar los resultados. Actualmente, el capital humano está adquiriendo preponderancia en los planes de desarrollo de los países y los enfoques pangubernamentales impulsan la obtención de mejores resultados. Líderes de los sectores de salud, educación, finanzas, protección social, transporte, agricultura y abastecimiento de agua y saneamiento trabajan conjuntamente para planificar. Como resultado, los programas están mejor concebidos para maximizar el impacto. Se están reformando las políticas tributarias a fin de aumentar el espacio fiscal para el desarrollo del capital humano. Este tipo de colaboración augura avances acelerados en salud y capital humano. Los siguientes son algunos ejemplos de este mayor impulso:

  • El Gobierno de Tayikistán convocó a miembros de alto nivel del Gabinete para analizar asuntos relativos al capital humano, deliberaciones que también se centraron en la creación de una plataforma multisectorial para el desarrollo en la primera infancia, que constituye un objetivo de importancia crítica para producir un impacto a largo plazo en la salud y el capital humano.
  • El desarrollo de capital humano fue recientemente un tema importante de debate entre los candidatos a la presidencia de Indonesia.
  • El Gobierno nigeriano creó un grupo de trabajo sobre capital humano integrado por representantes de diversos sectores.
  • En Etiopía, se formó un comité de coordinación multisectorial integrado por cinco ministros para implementar el programa de capital humano del Gobierno.
  • Armenia, Azerbaiyán, Botswana y Georgia convocaron sendos diálogos interministeriales de alto nivel sobre el Proyecto de Capital Humano y sus respectivas medidas a futuro. Pakistán realizó una Cumbre sobre Capital Humano y varios otros países, como Nepal y Bhután, han hecho lo propio.

Hasta ahora, la experiencia mundial señala seis oportunidades para lograr avances en reducir las deficiencias en materia de salud como parte de la agenda sobre capital humano:

  • Primero, aumentar e intensificar el financiamiento para mejorar los resultados. Debe incrementarse el gasto actual en salud, y los recursos que ya se están invirtiendo deben utilizarse con mayor eficiencia. La formación de alianzas innovadoras, especialmente con el sector privado, puede ayudar a avanzar en esta dirección.
  • Segundo, la calidad es importante: el tema de la salud y el desarrollo de capital humano no se resolverá con solo aumentar el número de centros de salud y de escuelas. Esto lo hemos vivido en carne propia: la calidad de los servicios de salud y de educación que se prestan en los establecimientos es fundamental para el éxito y es un aspecto que no puede ser ignorado.
  • Tercero, debemos ampliar el horizonte de nuestras inversiones. Los programas que producen los mayores impactos y reportan la mayor rentabilidad económica están dirigidos a las mujeres embarazadas, los niños pequeños y los adolescentes; brindan apoyo a las personas durante todas las etapas de la vida, y rinden sus frutos muchas décadas después. En cambio, situaciones negativas como la malnutrición crónica sufrida a temprana edad comprometen el desarrollo físico y cognitivo y afectan la productividad de las personas durante toda su vida.
  • Cuarto, los países deben innovar. Si bien es esencial invertir en programas bien ejecutados de eficacia comprobada, como los de inmunización infantil, también debemos estar atentos a nuevos enfoques para mejorar los resultados en materia de salud. Esto puede significar la adopción de nuevas tecnologías, y también nuevas maneras de organizar los sistemas o de propiciar cambios de comportamiento.
  • Quinto, es preciso movilizar a la población para generar un cambio, y se debe impulsar la demanda. En toda nuestra labor es importante considerar enfoques tanto por el lado de la oferta como de la demanda. A la población hay que considerarla como asociados en la tarea del desarrollo y se le debe brindar oportunidades para participar y manifestar su opinión frente al Gobierno y a los proveedores de los servicios. Este tipo de interacción forma parte de la rendición de cuentas, permite evaluar la calidad y, en definitiva, es un recurso en pro del desarrollo.
  • Por último, las iniciativas de salud y educación deben ser compaginadas. En conjunto, estos dos sectores pueden llegar a producir resultados exponenciales. Los niños aprenden mejor cuando están sanos y la educación ayuda a las personas a mantenerse saludables durante toda la vida. Vincular estos dos sectores significa que los establecimientos sanitarios y las escuelas pueden constituir una plataforma continua para que los niños puedan sobrevivir y desarrollarse plenamente.

Es alentador observar que muchos países ya están avanzando en estas seis áreas e invirtiendo para contar con una población saludable y bien instruida en las generaciones futuras.

Temas

Autores

Francisca Ayodeji Akala

Senior Health Specialist at the World Bank

Tim Evans

Inaugural Director and Associate Dean of the School of Population and Global Health

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