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¿Cómo pueden los países en desarrollo lograr cero emisiones netas de manera financiable y asequible?

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El financiamiento innovador puede permitir a los Gobiernos emprender con confianza un camino hacia cero emisiones netas. | Imagen: NicoElNino, Shutterstock.

Me fascinó leer en The Washington Post (i) que las turberas en la República Democrática del Congo (RDC), equivalentes al tamaño del estado de Iowa, contienen al menos tanto carbono como el que el mundo emite actualmente en un período de tres años de quema de combustibles fósiles. Si la RDC fuese a drenar sus turberas para convertirlas en tierras de cultivo, como lo han hecho muchos países desarrollados en los siglos anteriores, se emitirían cientos de millones o incluso miles de millones de toneladas de dióxido de carbono. El 73 % de los congoleños vive por debajo de la línea de pobreza. El 70 % del cobalto, esencial para las pilas recargables, proviene de este país. Según un estudio reciente de los Países Bajos, la RDC es el duodécimo país más vulnerable al cambio climático y el quinto menos preparado para enfrentarlo.

Estos datos ilustran cuán compleja es la transición hacia un modelo de bajas emisiones de carbono. Los países de ingreso bajo deben mantener la atención en objetivos básicos, como mejorar el acceso a la energía, proporcionar servicios seguros y de calidad en los sectores del transporte, el agua, la seguridad alimentaria y la educación, al tiempo que deben resignar oportunidades , enfrentar riesgos adicionales y priorizar las inversiones climáticamente inteligentes.

Como muchos países se han comprometido en sus contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) y en sus metas de cero emisiones netas, el crecimiento económico se debe centrar en enfoques inteligentes desde el punto de vista climático , como generación y consumo de energía limpia, transición hacia sistemas de transporte de bajo consumo de combustible, minería sostenible, agricultura y sistemas hídricos climáticamente inteligentes, entre otros. En el caso de muchos países de ingreso mediano, esto implica también reducir gradualmente el uso del carbón y reemplazarlo por una generación de energías ecológicas que se integren con las redes y que sean accesibles para todos. Lo anterior, conlleva implementar cambios significativos en la manera en que los Gobiernos y el sector privado planifican, establecen prioridades e invierten, y esto puede significar hacer frente a intereses creados y conmocionar a economías enteras.

Según estimaciones del Banco Mundial (i), los países en desarrollo tienen que invertir alrededor del 4,5 % del PIB para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con la infraestructura y mantener el rumbo para limitar el aumento de la temperatura mundial a no más de 2 grados centígrados. Estudios realizados por el Centro Mundial de Infraestructura (i) del Grupo de los Veinte (G-20), las Naciones Unidas (i) y McKinsey & Company (i) confirman que el déficit de financiamiento para infraestructura es enorme y se cifra en varios billones de dólares al año.

No obstante, el nivel actual de todo el financiamiento para el desarrollo relacionado con el clima (de fuentes bilaterales, bancos multilaterales de desarrollo e instituciones financieras de desarrollo) es inferior al 1,5 % de las necesidades proyectadas (i). La reciente e histórica reposición de recursos de la AIF, el fondo del Banco Mundial para los países más pobres del mundo, por un monto de USD 93 000 millones proporcionará el apoyo que tanto se necesita. Los países de ingreso mediano, con acceso limitado a fondos en condiciones concesionarias o a suficientes fondos de donantes, también deben implementar urgentemente intervenciones clave, en particular en las áreas de la energía y la descarbonización del transporte y las nuevas tecnologías.

En vista de ello, es esencial desarrollar proyectos susceptibles de recibir financiamiento y climáticamente inteligentes y movilizar capital privado, de manera asequible.  El escaso financiamiento público puede canalizarse hacia las áreas más necesitadas, mientras que el capital privado —junto con las eficiencias que puede aportar— asume el papel que le corresponde, impulsando las economías y el crecimiento.

A pesar de los claros argumentos en favor del capital privado, según el Monitor de la Infraestructura 2021 (i), publicado recientemente por el Centro Mundial de Infraestructura, alrededor de las tres cuartas partes de la inversión privada mundial en infraestructura se produce en países de ingreso alto. Los países en desarrollo atraen solo una cuarta parte de la inversión global. Además, dos tercios de las inversiones en los países en desarrollo se concentran en solo cinco países. 

El camino para el financiamiento de la transición hacia un modelo de bajas emisiones de carbono en las economías en desarrollo se complica debido a la menor capacidad crediticia, el estado incipiente de muchos sectores, la escasa capacidad de ejecución, la falta de proyectos financiables y los problemas relacionados con la asequibilidad y la sostenibilidad de la deuda.

Para lograr cero emisiones netas será necesario mejorar el entorno regulatorio y la preparación de proyectos sólidos, y aprovechar las distintas fuentes de financiamiento de manera coordinada, teniendo en cuenta el contexto de cada país.

Los Gobiernos deberán analizar las medidas necesarias para cumplir sus compromisos en materia de las CDN de manera integral y programada para cada una de las transiciones clave, comenzando con los caminos de descarbonización y las medidas normativas y sectoriales, y finalizando con una hoja de ruta de implementación y financiamiento asequible. Este tipo de hoja de ruta se beneficiará de la participación del sector privado, incorporando enfoques de financiamiento innovadores, así como un plan para el uso óptimo de los escasos recursos públicos, en condiciones concesionarias y de los donantes. El financiamiento innovador puede abarcar desde garantías hasta movilización de inversiones privadas, mecanismos de financiamiento combinado para inversiones de empresas estatales esenciales, plataformas regionales para financiar nuevas iniciativas climáticas e instrumentos de distribución del riesgo para desarrollar ecosistemas financieros en moneda nacional.

Una buena noticia que surgió de la COP26 fue el acuerdo alcanzado con respecto al artículo 6 relativo al marco de políticas y las normas de los mercados internacionales de carbono. Quizás ahora existe una oportunidad de aprovechar este mercado como otra fuente de fondos. Esto es prometedor para las soluciones basadas en la naturaleza (como en el caso de las turberas de la RDC), así como para la reducción gradual del uso del carbón y otras transiciones hacia un modelo de bajas emisiones de carbono. Cuando se combinan cuidadosamente, estos enfoques de financiamiento pueden permitir a los Gobiernos emprender con confianza una transición hacia cero emisiones netas que sea financiable y fiscalmente asequible. 

El Banco Mundial ya está trabajando en proyectos de demostración en cada una de estas esferas y se basará en ellos a medida que encaremos desafíos similares en otros países, compartiendo nuestras experiencias y abogando por más cooperación, ideas y herramientas a lo largo del camino.
 

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Este blog es administrado por el Grupo de Financiamiento para Infraestructura, APP y Garantías del Banco Mundial. Para obtener más información sobre nuestra labor, visite esta página (i).


Autores

Şebnem Erol Madan

Gerente de práctica, Financiamiento para Infraestructura y Garantías, Grupo de Financiamiento para Infraestructura, APP y Garantías, Banco Mundial

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