Coronavirus y el «efecto pangolín»: El incremento de exposición a la vida silvestre plantea riesgos para la salud, la bioseguridad y la estabilidad mundial

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Como demuestra el brote actual de coronavirus, la vida silvestre puede originar eventos zoonóticos que conllevan riesgos enormes para la salud pública, la bioseguridad e incluso la estabilidad mundial. Foto: © Eugene Troskie/Shutterstock.com
Todo está conectado.
 

Según la teoría del caos, cuando una mariposa aletea en Nuevo México, tiene el poder de causar un huracán en China. Pero no hay prácticamente nada del azar sugerido por el efecto mariposa en las fichas de dominó que siguen cayendo desde el surgimiento de la COVID-19 (coronavirus). La explicación más plausible es, de hecho, bastante familiar: acciones cotidianas de los seres humanos que, invisiblemente conectadas, pueden llevar a consecuencias dramáticas.

La vida silvestre y las enfermedades infecciosas emergentes

Aunque la ciencia aún no es concluyente, hay algo que parece estar fuera de duda: el SARS-CoV-2 se originó en la vida silvestre, desde donde el virus logró cruzar la barrera entre especies y contagiar al ser humano.  El principal sospechoso en estos momentos es una especie de murciélago de herradura. El murciélago probablemente transmitió el virus a un huésped intermediario, y las primeras teorías apuntaban al pangolín, ese animal escamoso comercializado ilegalmente por su carne y escamas, que se usan por su aparente valor medicinal. Finalmente, el contacto humano con el huésped intermediario facilitó el salto final del patógeno, causando una pandemia que, en el momento de escribir estas líneas, se ha extendido a más de 140 países, contagiando a más de 150 000 personas y causando innumerables pérdidas.

Favorecer la aparición de nuevos patógenos mortales

El origen y secuencia de transmisión de la pandemia de coronavirus no debería de sorprendernos. La epidemia de SARS en 2003 (i) tuvo su origen en civetas, vendidas en los mercados como mascotas y también como manjar exótico. El MERS de 2012 se originó en camellos que contagiaron a humanos (i) en contacto con ellos. La gripe aviar, el virus Nipah, el ébola, el VIH... todas estas y muchas otras enfermedades infecciosas emergentes (EIE) se originaron en animales que contagiaron a humanos, un fenómeno llamado zoonosis.  Se estima que más del 60 % de las EIEs en el mundo son zoonóticas, y la gran mayoría de estas (más del 70 %) se origina en la vida silvestre (i).

Como demuestra el brote actual de coronavirus, la vida silvestre puede originar eventos zoonóticos que conllevan riesgos enormes para la salud pública.

Como demuestra el brote actual de coronavirus, la vida silvestre puede originar eventos zoonóticos que conllevan riesgos enormes para la salud pública, la bioseguridad e incluso la estabilidad mundial.  Se podría hablar de un «efecto pangolín» como forma de describir el inevitable y desproporcionado final de un comienzo modesto y evitable: un virus, presente de manera natural en un huésped silvestre, causando una pandemia sin precedentes aprovechándose de una gran cadena de eventos amplificadores interconectados capaces de propagar el virus por todo el mundo.

El primer fenómeno de amplificación es un aumento en la exposición. Debido a la actividad humana, estamos incrementando significativamente nuestra exposición a patógenos a los que nunca habíamos estado expuestos, y por lo tanto, a los que no estamos preparados para responder. Lo estamos haciendo de dos maneras principales: trayendo la vida silvestre demasiado cerca, o nosotros acercándonos demasiado a ella. El segundo fenómeno de gran amplificación se podría atribuir a la globalización: en cuanto un patógeno consigue cruzar la barrera entre especies e infectar a suficientes individuos, los vuelos y cruceros internacionales y las cadenas de valor globales hacen el resto, transportando a esas personas infectadas a todos los rincones del planeta.

Traer la vida silvestre demasiado cerca: el tráfico de especies

Se estima que el tráfico ilegal de especies es la cuarta actividad criminal organizada en el mundo tras los estupefacientes, productos falsificados y tráfico de personas.  El comercio legal de especies, por otro lado, está regulado por la convención CITES, aunque el enfoque es de proteger a la fauna del posible efecto lesivo de su comercialización. Tanto el tráfico ilegal como el comercio regulado actúan como grandes cintas transportadoras (i), trasladando animales silvestres —y sus patógenos— a lo largo y ancho, intensificando de esta forma el posible contacto con humanos en su recorrido e incrementando significativamente las posibilidades de contagio.

El tráfico ilegal, posiblemente, haya sido el causante de que una especie animal infectada con SARS-CoV-2 entrara en contacto forzado con personas.

El tráfico ilegal, posiblemente, haya sido el causante de que una especie animal infectada con SARS-CoV-2 entrara en contacto forzado con personas (sería una gran ironía si finalmente el pangolín resultara ser el huésped intermedio, ya que se trata del mamífero más traficado en el mundo, con las ocho especies conocidas incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, tres de ellas en peligro crítico). Las especies silvestres se trafican y comercializan por diversos motivos: alimento o exquisitez, amuleto o trofeo, como mascotas, para usos en medicina tradicional, entre otros. En muchas partes del mundo, la utilización y el consumo de animales silvestres son prácticas culturales muy arraigadas. Sin embargo, tal y como demuestra la inmediata prohibición en China de todo comercio de vida silvestre (i) para el consumo, minimizar la exposición humana a animales silvestres es un paso fundamental para evitar la aparición de nuevas EIEs. También es fundamental mejorar las condiciones higiénicas y veterinarias a lo largo de la cadena de comercio legal, e imponer condiciones restrictivas y seguras para el uso y venta. La capacidad y conocimientos para tomar estas medidas suelen ser débiles en muchos países, en los cuales los servicios veterinarios para animales domésticos están avanzados, pero prácticas similares para la inspección de animales salvajes no están completamente desarrolladas ni integradas.

Acercarnos demasiado a la vida silvestre – degradación de hábitat

La biodiversidad nos proporciona un servicio clave con el que no estamos muy familiarizados: la regulación de enfermedades. Los ecosistemas biodiversos en estado natural limitan la exposición y el impacto potencial de patógenos a través de un efecto de dilución o amortiguamiento, minimizando las probabilidades de contagio a humanos.  La deforestación y el cambio del uso de la tierra, la fragmentación de hábitats, la ocupación de espacios naturales, el rápido crecimiento poblacional y la urbanización son algunos de los factores ecológicos y socioeconómicos que amplifican la exposición humana y multiplican las posibilidades de contagio. El cambio climático (i) es un factor adicional de riesgo de EIEs, ya que sus efectos abren nuevas oportunidades para los patógenos, aceleran la aparición de especies invasoras y desplazan el rango natural de acción de las especies silvestres.

Las actividades antropogénicas están eliminando el efecto amortiguador que proporciona la biodiversidad y los ecosistemas, y aumentando así el riesgo de una nueva pandemia.

El estudio de todos estos factores permite a la ciencia determinar zonas críticas de riesgo de EIE zoonóticas. Los análisis indican que existe un riesgo (i) elevado de EIEs en regiones tropicales boscosas que además estén experimentado cambios en el uso de la tierra y donde la biodiversidad de vida silvestre (especialmente en riqueza de mamíferos) sea alta. China y el Sudeste Asiático son zonas ya descritas y clasificadas de alto riesgo. Las actividades antropogénicas están eliminando el efecto amortiguador que proporciona la biodiversidad y los ecosistemas, y aumentando así el riesgo de una nueva pandemia. Revertir estas tendencias es, más que nunca, de relevancia global para la salud pública.

“Una salud”

Si bien la salud humana recibe la mayor parte de atención y recursos relacionados con EIEs (preparación y respuesta ante emergencias, salud pública), se debería de prestar mayor atención a las raíces del problema, atacando los factores básicos que causan EIEs. El enfoque conocido como “Una salud” se basa en el entendimiento de que la salud humana y la animal son interdependientes, y a su vez están vinculadas a la salud de los ecosistemas en los que habitan.  El reciente anuncio del Banco Mundial de dedicar USD 12 000 millones para apoyar a los países en su respuesta de emergencia a la COVID-19 nos brinda la oportunidad de diseñar un paquete integral de medidas que incluya salud humana, salud animal y salud ambiental. Este último suele ser el eslabón más débil. Como profesionales del desarrollo, debemos involucrar a los ministerios de medio ambiente y recursos naturales, departamentos de vida silvestre, instituciones de investigación, ONGs y sociedad civil, para cubrir las carencias actuales en vigilancia de la salud de la vida silvestre y detección de enfermedades, prácticas veterinarias del comercio de fauna, regulaciones higiénicas, políticas y prácticas de comercio de especies, y comunicación efectiva de los riesgos que conlleva.

La salud humana y la animal son interdependientes, y a su vez están vinculadas a la salud de los ecosistemas en los que habitan.

Mientras asistimos a la expansión del coronavirus, debemos recordar la importancia de la salud ambiental como un elemento clave de nuestra propia salud, y que iniciativas concretas que minimicen significativamente nuestra exposición a la vida silvestre son más urgentes que nunca.  Prevenir un futuro «efecto pangolín» comienza por frenar el tráfico ilegal de especies y regular estrictamente el comercio legal, mejorar la conservación de la biodiversidad y sus hábitats, y mantener servicios ecosistémicos saludables. Se ha abierto una ventana de oportunidad, pero por poco tiempo.

 

ENLACES RELACIONADOS

El Grupo Banco Mundial y la COVID-19 (coronavirus)

Banco Mundial y Medio Ambiente

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Diego
30 de Marzo de 2020

Esta información debe ser viral.
Muchas gracias

Rubén
30 de Marzo de 2020

Excelente y relevante informe!! Me preocupa la vulnerabilidad de la especie humana y el escaso compromiso de los gobiernos en sensibilizar e instruir al soberano.

Gracias y Saludos!!
Rubén

Carlos
30 de Marzo de 2020

No estoy acuerdo, ya que el virus existió siempre en el murciélago, pero para el ser humano es inactivo ya que le falta la proteína que le hace adherirse a la célula para infectara y esa no me queda duda que se la pusieron a propósito.

Luis Alonso Chinchilla
30 de Marzo de 2020

Es muy interesante su diagnóstico sin embargo considero que deberia ser muy importante el respeto por las zonas silvestres también considerando nuestro crecimiento poblacional debera ser factible nuestra expansión hacia arriba tanto en producción como habitacional e industrial respetando el ambiente

Glenys Vilorio Guzmán
30 de Marzo de 2020

Estoy totalmente de acuerdo con éste artículo. Nosotros los humanos somos los culpables y/o responsable de lo que está pasando en el mundo. La población humana ha crecido mucho y nos expandemos cada vez más mutilado nuestros recursos naturales y desplazando cada vez más los animales. No estamos respetando el habitad que es de todos, entendemos que porque somos los únicos con razonamiento podemos ser dueños de la vida animal como se nos antoja. Debemos respetar los animales así como el agua y los peces. Debemos siempre pensar en que el planeta Tierra es de todos y debemos hacer balance. La comida es necesaria pero comer todas clases de animales no es correcto. Debemos dejar de matar nuestros bosques que son los que nos dan vida con el oxígeno. Espero en Dios que aprendamos con esto ya que nuestra tierra está reclamando los abusos que todos hemos hecho. Bendiciones para nuestro hermoso Planeta Tierra, y que Dios nos ampare!
Gracias!

carlos tello
30 de Marzo de 2020

COMPLETAMENTE DE ACUERDO CON ESTE ARTICULO DANIEL..SALUDOS DESDE PERU..EN IQUITOS RÍO AMAZONAS.

David Mejia
30 de Marzo de 2020

Es impresendible comenzar a trabajar en detener las cadenas de tráfico ilegal de fauna y crear protocolos de bioseguridad para el aprovechamiento sostenible de los productos provenientes de la vida silvestre

Javier
30 de Marzo de 2020

Excelente artículo, términos precisos y claridad de conceptos. Sumamente util

ulderico figueroa torre
30 de Marzo de 2020

el articulo permite analizar las consecuencias del mercado ilegal de animales "exóticos", a cargo del mercado negro y de ciudadanos inescrupulosos que no ven mas allá de unos intereses, el adecuado equilibrio de nuestra naturaleza que esta tan sobre-explotada pro quienes deberíamos cuidarla.

Manuel Jesús Becerra Rojas - Perú
30 de Marzo de 2020

En mi país, por su alta biodiversidad principalmente en bosque de selva, existen muchas especies de animales silvestres como: armadillo ( Dasypus novemcinctus), sachavaca ( Tapirus terrestris), majaz (Cuniculus paca), sajino (Pecari tajacu), otros, que constituyen base de la alimentación de comunidades nativas ( Ashanincas, awajun, asimismo existen cazadores furtivos que cazan estas especies, cuya carne la comercializan a la población, como carne ahumada, que lo procesan en el mismo bosque; no se tiene evidencias claras de que puedan transmitir enfermedades virales, aunque sin confirmar el consumo constante de esta carne produce enfermedades fungosas en la piel. Sin embargo estas especies se encuentran amenazadas por su extinsión, las leyes de mi país en este sentido son muy elásticas.

Teresa Gianella
30 de Marzo de 2020

El mamtenimiento del equilibrio de los ecosistemas naturales para que brinden sus servicios ecosistémicos, donde la biodiversidad cumple un rol esencial para la.preservación de la vida en la Tierra. En este contexto la agrobio diversidad de la agricultura familiar y la agroforestería son factores que posibilitan la sostenibilidad de la producción de alimentos. Este tipo de agricultura debe ser atendida para su intensificación y organización de sus productores.

Milagros Vicente
30 de Marzo de 2020

Excelente explicación, contenido completo. Gracias

Ada Nalbis Camacho
30 de Marzo de 2020

El coronavirus es un flagelo que amenaza a toda la humanidad, por efectos climáticos, por contaminación ambiental, por contaminación agrícola y por ende por la tala indiscriminada y la erosión, así como por falta de una alimentación sana y responsable para proteger el cuerpo de enfermedades patógenas y mortales entre ellas el cáncer. Por lo tanto, para mí de una forma muy personal el coronavirus se puede detener, con una buena alimentación para proteger al organismo del sistema inmunológico de factores externos. Existen plantas en todo el planeta que las conocemos como malas hierbas y desconocemos sus propiedades, entre éstas están el bledo (popularmente conocido como pira) es una planta que contiene 89 propiedades y le aporta todas estas propiedades al organismo, otra es la verdolaga, el oreganón, la sábila, el nopal, el diente de león, la menta, etc. He aquÍ mi pensamiento "Las plantas son como las personas esconden su esencia, pero cuando se les descubren generan un gran potencial"...Frenemos la propagación del Coronavirus, consumiendo estas plantas y protegiendo nuestro sistema inmunológico. Culmino el comentario con esta frase, valoremos las plantas porque no sabemos que nos pueden aportar onvirtíendosen en milagrosas..venciendo a las pandemias.

Marina merida martinez
30 de Marzo de 2020

Es urgente difundir esta gran informacion. Grcs x compartir

Marly Garcia
30 de Marzo de 2020

No puedo más que agradecer tan vital información... Si partieramos de la causa tomando el cuenta el efecto, todo sería muy distinto. Tristemente cuando esta en juego el dinero, muchas cosas dejan de importar.

Waldo Wilfredo Flores Aylas
30 de Marzo de 2020

Interesante la información. Gracias.

Guillermo Jarro
30 de Marzo de 2020

Tambien podriamos pensar que el incendio de la selva amazonica, el de Australia y muchos otros tuvieron origen en la deforestación y los problemas del coronavirus en haber acabado y estar acabando especies de animales