Publicado en Voces

Después de un año, los ODS permiten abrigar esperanzas

Image

Gracias a la adopción de una agenda para el desarrollo mundial y mayores compromisos de lucha contra el cambio climático provenientes de todos los lugares, 2015 se recordará como el año en que se alcanzó el nivel máximo de cooperación internacional. Casi doce meses después, cuando las principales noticias se relacionan con actos de violencia y nacionalismo, es fácil caer en la tentación de ser pesimista frente a las tendencias mundiales. Pero tengo razones para abrigar esperanzas cuando veo que cobra impulso la puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los ODS fueron el resultado del proceso más colaborativo e inclusivo en toda la historia de las Naciones Unidas (ONU) y señalan un cambio muy concreto en la manera en que las personas creen que deben afrontar los desafíos del desarrollo para lograr un futuro viable tanto para el mundo como para su población. Cada vez hay mayor comprensión que el planeta y sus habitantes están indeleblemente vinculados.

Nos encontramos mucho mejor preparados para hacer frente a los desafíos del nuevo siglo –ya sea la migración, el cambio climático, el agotamiento de las aguas subterráneas, la violencia o la malnutrición– que si hubiésemos sencillamente prorrogado el conjunto limitado de objetivos para los países en desarrollo acuñados por la ONU a comienzos del nuevo milenio.

Para empezar, los ODS son universales. Los objetivos de desarrollo del milenio (ODM), que los precedieron, fueron generosos y bien intencionados, pero se concentraron solo en los países en desarrollo. Hoy sabemos que el desarrollo es un espectro, no una condición. Existen áreas de gran riqueza en los países pobres y áreas de persistente pobreza en las naciones ricas. La desigualdad de ingreso ha llegado a ocupar, con razón, un lugar preponderante en los debates políticos y en las medidas adoptadas en muchos países en los últimos años. En el Banco Mundial, el objetivo de poner fin a la pobreza ahora hace hincapié en la igualdad (o la “prosperidad compartida”), un reconocimiento bienvenido al hecho que el PIB per cápita no refleja la realidad completa de un país.

Los ODS consideran a todo el planeta como un bien público que necesita ser administrado de una manera estratégica y concertada, y con una visión de largo plazo. De los océanos a los bosques, de las epidemias a la contaminación, lo que sucede a nivel local en un país tiene enorme repercusiones en el bienestar de sus vecinos y en los futuros niveles de pobreza. Es alentador pensar que hemos acordado colectivamente enfrentar estos desafíos desde Bangkok hasta Bamako, o desde Londres hasta Lima.

El segundo punto que cabe señalar es que los ODS aceptan la complejidad. Es casi imposible afrontar los desafíos actuales en forma aislada. Hay diferencias y sinergias entre sectores, entre zonas urbanas y rurales, y existen cuestiones intersectoriales, como el género, el cambio climático o la creación de empleo, que exigen la aplicación de enfoques integrados.

Tomemos por ejemplo el problema del hambre. Si bien los ODM tenían como meta reducir el hambre a la mitad, estos objetivos no abordaron la nutrición ni los sistemas alimentarios. Este fue un ejemplo que usé a menudo al comienzo cuando trataba de conseguir apoyo para el concepto de los ODS. Los ODS ofrecen muchos más puntos de partida para combatir la malnutrición y entender los vínculos entre la salud y el suministro alimentario adecuado, el desarrollo en la primera infancia, la competitividad de un país, y el crecimiento a largo plazo. En el Banco Mundial, también, se reconoce cada vez más que estas cuestiones se encuentran relacionadas y que para resolverlas será necesario recurrir a enfoques multisectoriales.

Lo mismo cabe decir acerca de la protección de los bosques. Existe una mayor conciencia que si se quiere desacelerar el cambio climático (ODS 13), suministrar agua limpia y apropiada para diferentes usos (ODS 6) y conservar la diversidad biológica (ODS 15), es necesario que la infraestructura de transporte o la expansión de la agricultura se planifiquen de una manera que no afecte los bosques. Las diferencias deben ser gestionadas de modo que las economías puedan crecer de manera más sostenible sin poner en peligro el crecimiento futuro. Esta es una agenda que el Banco ha abordado también de manera más explícita durante el presente año con la adopción de un Plan de Acción Forestal, (i) que respalda los esfuerzos de los países destinados a emprender inversiones “forestales inteligentes” en todos los sectores.

En tercer lugar, gracias a los ODS, ahora observamos el tema del desarrollo a través de un prisma mucho más amplio. Independientemente del trabajo o campo de especialización que tengamos, los ODS constituyen una documentación permanente, visible y tangible acerca de los numerosos frentes y capas de información necesarias en el ámbito del desarrollo sostenible. Estas 17 imágenes emblemáticas redefinen hoy los contornos de cómo las personas entienden y enfrentan el desarrollo en todo el planeta. La naturaleza de este diálogo en torno al desarrollo está cambiando, lo cual quedó en evidencia en los pasillos de la ONU durante el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (i) efectuado recientemente en Nueva York. Una incesante transformación ya está en marcha.

Esto conduce a una reflexión final. Quiero refutar la noción que los ODS son una creación de la ONU, separada del proceso cotidiano de toma de decisiones. Los ODS fueron esbozados y adoptados por todos los países del mundo, y ahora vemos que cada país se prepara para armonizar sus políticas, planes y presupuestos con estos objetivos. Por primera vez en la historia, tanto los países desarrollados como los países en desarrollo abordan la misma agenda de desarrollo. En definitiva, somos una sola especie en un solo planeta


Autores

Paula Caballero

Former Senior Director, Environment and Natural Resources Global Practice

Únase a la conversación

Este contenido no se mostrará públicamente
Caracteres restantes: 1000