Las personas y el planeta juntos: por qué las mujeres y las niñas constituyen un elemento central de la acción climática

|

Disponible en:

Imagen
Niñas en la escuela de Chad
Un grupo de jóvenes estudiantes en el centro “Welcome”, un espacio seguro en Am Timan, Chad, el 29 de mayo de 2019. (Fotografía: Vincent Tremeau.)

Cuando los líderes se reúnen en Sharm el-Sheikh con motivo de la COP27, todos piensan cómo acelerar la acción climática en un mundo que enfrenta múltiples crisis. Para ello, será necesario incorporar criterios ecológicos en economías enteras y realizar inversiones transformadoras para reducir las emisiones, aumentar la adaptación y generar resiliencia.

Las mujeres y las niñas constituyen un elemento central de esta cuestión. Las transiciones climáticas tienen que ver con las personas, y garantizar que beneficien a todas las personas es, principalmente, un desafío en el ámbito de la igualdad de género.  Procurar el desarrollo sostenible y procurar la igualdad de género, lejos de ser objetivos independientes, están intrínsecamente relacionados.

¿Por qué? El cambio climático afecta a los hombres y las mujeres de distintas maneras, especialmente entre los pobres y las poblaciones vulnerables, que tienden a estar más expuestos y tienen menos resiliencia frente a la variabilidad climática, otros factores de tensión y crisis. El calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones, las sequías y las lluvias inusuales afectan a millones de personas en todo el mundo, pero sus impactos varían mucho según el género. Algunas de estas diferencias pueden verse en la salud y la educación: por ejemplo, el calor extremo se relaciona directamente con el aumento de la hospitalización durante el embarazo. Pero las desigualdades más evidentes se observan en las oportunidades económicas. Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de ganarse la vida a partir de actividades basadas en recursos naturales o en sectores vulnerables al cambio climático como la agricultura, la gestión ganadera, la energía, la reducción del riesgo de desastres, la silvicultura, el agua y la salud. El cambio climático puede exacerbar la falta de tiempo disponible de las mujeres al reducir las horas que las mujeres y las niñas podrían utilizar para aprender, trabajar y ganar dinero, y puede conducir a un aumento de la violencia de género y la explotación sexual.


“Actualmente, las mujeres están subrepresentadas en los foros sobre el clima, incluso en la COP: en la COP del año pasado, solo el 34 % de los miembros de los comités eran mujeres”.


Un creciente conjunto de datos indica que la participación y el liderazgo de las mujeres en la acción climática se asocian con una mejor gestión de los recursos, mayores resultados en términos de conservación y la mejora de la preparación ante desastres. Las mujeres son eficaces en promover la resiliencia comunitaria, liderar grupos de gestión locales, proteger sus comunidades contra los desastres naturales y desempeñar funciones ministeriales. Esto también es válido para el sector privado, donde se ha demostrado que la diversificación de las salas de juntas de las empresas y las oficinas corporativas da lugar a políticas más inocuas para el clima: un aumento del 1 % en la proporción de mujeres en cargos directivos conduce a una disminución del 0,5 % en las emisiones de CO2. Sin embargo, actualmente las mujeres están subrepresentadas en los foros sobre el clima, incluso en la COP: en la COP del año pasado, solo el 34 % de los miembros de los comités eran mujeres.

Cuando se analiza cómo ampliar la acción climática, es importante reconocer estas diferencias de género y aprovechar el poder del liderazgo femenino. Garantizar una transición justa implica comenzar con abordar estas realidades. Las vías de cero emisiones netas dan lugar a ganadores y perdedores. La transición verde crea nuevas oportunidades, pero a medida que se transforman las regiones y los sectores con elevados niveles de emisión de carbono, es posible que las personas pierdan sus empleos, medios de subsistencia y formas de vida. Los hombres, las mujeres y los grupos vulnerables perciben estas pérdidas de manera diferente. Los últimos, si no cuentan con apoyo, pueden tener un acceso desigual a las nuevas oportunidades que surgen en las economías verdes. Garantizar una transición justa implica asegurar que las políticas y las inversiones climáticas se fundamenten en estas realidades relacionadas con el género. Pero también significa ir más allá de ellas, utilizando las transiciones climáticas como una oportunidad para superar las desigualdades; aprender de las opiniones de las mujeres, los pueblos indígenas y las comunidades locales, y liberar el potencial de las mujeres en las economías verdes.

¿Qué se necesita? En primer lugar, aumentar la resiliencia y la capacidad de adaptación de las personas teniendo en cuenta las cuestiones de género. Esto incluye complementar los programas de transferencias monetarias con medidas de inclusión productiva y obras públicas verdes con perspectiva de género; promover el acceso de las mujeres a la agricultura climáticamente inteligente y actividades de extensión agrícola; aumentar los activos de las mujeres; mejorar la movilidad y seguridad de las mujeres, e involucrarlas en la gestión del riesgo de desastres. El Grupo Banco Mundial apoya estos objetivos a través de proyectos de protección social adaptativa y de diversificación de los medios de subsistencia, como el Proyecto de Protección Social Adaptativa en Níger.

En segundo lugar, ayudar a las mujeres a prosperar en economías más verdes. Las inversiones verdes en 21 grandes economías emergentes podrían generar 213 millones de nuevos empleos entre 2020 y 2030. Se necesitarán trabajadores para ayudar a descarbonizar la red con energía renovable, modernizar edificios, implementar servicios de abastecimiento de agua y de residuos municipales con bajos niveles de emisiones de carbono, y ampliar el transporte verde en las ciudades, la infraestructura urbana basada en la naturaleza y la agricultura climáticamente inteligente. Sin embargo, los patrones existentes de discriminación laboral por sexo (mujeres y hombres que realizan diferentes trabajos), las carencias de habilidades y las desigualdades respecto de la participación femenina en el mercado laboral indican que las mujeres pueden estar en desventaja. Entre 2015 y 2021, los hombres participaron en el 66 % de las transiciones hacia los empleos verdes.  Para beneficiarse de los empleos verdes, las personas necesitarán la educación adecuada y las habilidades pertinentes para el empleo, incluidas las áreas de CTIM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas], donde las mujeres están subrepresentadas. Las mujeres también necesitarán apoyo para eliminar las barreras que les impiden acceder a las oportunidades económicas: ellas no pueden iniciar negocios verdes u obtener empleos ecológicos si se espera que realicen la mayor parte de las tareas domésticas, carecen de servicios de cuidado infantil asequibles y enfrentan limitaciones para poseer activos y acceder a financiamiento. El Grupo Banco Mundial apoya el empoderamiento económico de las mujeres para la transición verde a través de esfuerzos como la iniciativa WEPOWER, cuyo objetivo es incorporar a las mujeres en la cadena de valor de la energía renovable y respaldar programas para ampliar las competencias de CTIM de las mujeres en la educación superior.


“Las mujeres no pueden iniciar negocios verdes u obtener empleos ecológicos si se espera que realicen la mayor parte de las tareas domésticas, carecen de servicios de cuidado infantil asequibles y enfrentan limitaciones para poseer activos y acceder a financiamiento”.


En tercer lugar, garantizar que las opiniones y el liderazgo de las mujeres se incorporen en la gobernanza climática a nivel local y nacional, y en los diálogos multilaterales sobre el clima y el sector privado. El Banco Mundial apoya estos esfuerzos mediante iniciativas tales como los proyectos del Mecanismo de Donaciones Específico, que recibe el respaldo de los Fondos de Inversión en el Clima y promueve el liderazgo climático de las mujeres indígenas y de las comunidades locales y su participación en la toma de decisiones para mejorar la conservación y los resultados en materia climática.

Por último, integrar la igualdad de género en las inversiones relacionadas con el clima en todos los sectores y aumentar el financiamiento climático con perspectiva de género. El Grupo Banco Mundial es la principal fuente de financiamiento multilateral de inversiones climáticas en los países en desarrollo. Ayuda a los países a integrar las cuestiones de género en estas operaciones y garantiza que las transiciones clave en energía; agricultura, alimentos, agua y tierra; ciudades; transporte, y manufacturas beneficien a las mujeres y los hombres. Además, está ampliando el financiamiento para apoyar los objetivos climáticos y en materia de género. Por ejemplo, en Kenya, IFC trabaja con empresas de energía solar sin conexión a la red para capacitar y establecer grupos de emprendedoras que venden productos solares en sus comunidades. En Sudáfrica, el Banco Mundial está implementando varias medidas para garantizar que se tengan en cuenta los aspectos inherentes al género en sus programas del mercado laboral y en los programas de adquisición de nuevas y mejores habilidades en la central eléctrica de Komati. En África y Asia meridional, los proyectos del Banco Mundial se centran en prácticas sostenibles en la agricultura, la pesca y la silvicultura, y en la mejora de los servicios de cuencas hidrográficas, al tiempo que se focalizan en la participación igualitaria de las mujeres en los esfuerzos de fortalecimiento de la capacidad y promueven la participación de estas en funciones de liderazgo.

Procurar alcanzar de manera conjunta los objetivos climáticos y en materia de género no solo es bueno para las cuestiones de género: es bueno para el clima .

Únase a la conversación