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Me crié en una de las ciudades más tóxicas del mundo

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Crecí en Kabwe, un hermoso lugar de la región central de Zambia que en el pasado fue una de las principales ciudades mineras del mundo. En la actualidad es más conocida como uno de los lugares más contaminados del planeta debido a la intoxicación por plomo. 

Antes de que yo naciera, mi padre y mi madre se trasladaron de un pueblo ubicado en la zona central de Rodesia del Norte —como se llamaba Zambia en esa época— a Broken Hill, una ciudad que pasó a llamarse Kabwe después de la independencia. Kabwe se encuentra en el medio de la Provincia Central de Zambia, a unos 160 km de Lusaka, la capital del país.

Broken Hill era famosa por la minería de plomo y zinc, y trabajar en las minas era uno de los empleos más prestigiosos que se podía tener en ese tiempo. Nos sentíamos privilegiados en comparación con otras familias de los alrededores. Por ejemplo, yo asistía a la escuela con zapatos, mientras que la mayoría de mis amigos iban descalzos.

 
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© Ciaran Kelly/Flickr

Crecer en Kabwe era toda una aventura para los niños. Como no había jugueterías, pasábamos muchas horas haciendo autos de juguete con alambres que encontrábamos entre los escombros de los vertederos de las minas. Y una laguna que descubrimos cerca de los vertederos se convirtió en nuestra piscina. En ese entonces no teníamos idea de que el agua en la que nos zambullíamos podría contener plomo u otros contaminantes.

Para complementar los bajos ingresos que recibían nuestros padres por su trabajo en las minas, cultivábamos nuestras propias hortalizas, como tomates, coles y cebollas. Ellos no sabían nada sobre la calidad del suelo o del agua utilizada para regar las verduras.

También me acuerdo que las mujeres embarazadas de nuestro vecindario seguían una antigua tradición que consistía en comer un tipo especial de arcilla durante el embarazo. Lo hacían para contrarrestar las náuseas y obtener minerales, pero tampoco sabían que al comer esta arcilla se exponían posiblemente al plomo y otros contaminantes.

No todos mis recuerdos de Kabwe son agradables. Vivíamos en el sector occidental de la mina y el viento soplaba de este a oeste. A ciertas horas del día, una espesa nube de humo —que provenía seguramente de la fundición de la mina— pasaba por encima de nuestra casa. Respirar aquel aire nos hacía toser, y si estábamos jugando fútbol afuera, corríamos al interior para escapar del humo.

Mi padre trabajó 20 años en las minas, hasta que se jubiló en 1983. Al terminar la secundaria, me fui a estudiar a la universidad en Lusaka, y posteriormente salí de Zambia en busca de mejores oportunidades y me trasladé al sur de África.

Voy a avanzar hasta el año 2002. En ese tiempo trabajaba para el Banco Mundial en Pretoria (Sudáfrica), y durante una misión a Lesotho escuché a dos colegas que hablaban sobre Kabwe. Con entusiasmo les conté que me había criado en esa ciudad, pero ellos reaccionaron con una mirada inquietante y me preguntaron: “¿Y cómo estás?”. Esto me pareció muy extraño, pero de inmediato me comentaron que Kabwe era una de las ciudades más contaminadas del mundo, y me mostraron un informe sobre los niveles de contaminación existentes. Quedé estupefacto y entré a Internet para buscar más información. Después de leer sobre el nivel de intoxicación por plomo en Kabwe, decidí actuar.  Mi madre y mi hermano menor aún vivían allí, y los convencí de que se mudaran a Lusaka, donde ella aún se encuentra.

En retrospectiva, recuerdo que muchos niños de Kabwe tenían problemas conductuales y de desarrollo. Pueden haber influido otros factores, pero muchas veces me he preguntado si la intoxicación por plomo era una de las causas. En esa época nadie nos alertó acerca de los posibles riesgos, pero ahora lo sabemos. Me tranquiliza que las autoridades de Zambia, con el apoyo del Banco Mundial y otros asociados, estén tomando medidas al respecto.
 
 

En diciembre de 2016, el Banco Mundial aprobó un proyecto de USD 65 millones para Kabwe (i) y otras tres zonas mineras de Zambia. El proyecto aborda los riesgos de exposición al plomo en esa ciudad y proporciona financiamiento para medir los niveles de este elemento en los niños y brindarles tratamiento en caso necesario. En el marco del proyecto también se realizan inversiones en medios de subsistencia alternativos para disuadir a las personas de salir en busca de materiales en zonas contaminadas para luego venderlos. Además, el proyecto aborda los riesgos para la salud ambiental asociados a la fundición de cobre y a la descarga de efluentes mineros contaminados que provocan lluvia ácida, erosión del suelo, daño a los cultivos y contaminación del aire y el agua.
 
Lemmy Kapinka relató su historia durante un evento realizado el 11 de enero en la sede del Fondo Monetario Internacional, durante el cual integrantes de la Comisión Lancet sobre contaminación y salud presentaron las conclusiones de un informe reciente. (i) El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, pronunció las palabras de apertura del evento y reiteró el firme compromiso del Banco de abordar el problema de la contaminación.

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