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Música de Mozart cautiva al Banco Mundial y al FMI


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Algo curioso ocurrió hace poco en las sedes del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la ciudad de Washington. Nada menos que la música de Mozart se apoderó de las dos instituciones. El compositor austríaco del siglo XVIII emergió con su Gran Misa en do menor, K. 427, envolviendo los modernos pasillos de acero y cristal del Banco y del FMI. El resultado fue un sonido majestuoso y glorioso, en el nombre del desarrollo.
 
Este ambicioso proyecto, que involucró al Coro del Banco Mundial y del FMI, (i) una orquesta y dos solistas, te podría hacer pensar qué están haciendo los “banqueros mundiales” con ese tipo de música. ¿Por qué será? Clay Wescott, el presidente del coro, al introducir las presentaciones dio la siguiente respuesta: “Apreciar la cultura en todas sus diversas formas es central para conseguir los objetivos del Banco de poner fin a la pobreza extrema en el curso de una generación e impulsar la prosperidad compartida”, dijo.

La cultura contribuye de muchas maneras al desarrollo económico. Aquí hay apenas tres ejemplos. Primero, mediante la generación de actividad económica directa a partir de las presentaciones y las transacciones de bienes y servicios culturales. (i) Segundo, a través de la capacidad de las artes de liberar o impulsar la imaginación humana. Y tercero, por medio del fomento de la solidaridad, la inclusión y la colaboración de la comunidad. Pero dado que la cultura —un término bajo el cual se incluyen las artes— es parte de las discusiones sobre la definición, la cuantificación e incluso la interpretación, constituye una fruta que está al alcance de todos, pero que rara vez es recogida en la práctica del desarrollo.
 
Como músico, debo confesar que este argumento es el equivalente de los padres orgullosos que se jactan de sus hijos. Muchos partidarios de las artes entienden el valor de la diversidad de estas para fomentar el desarrollo. Pero el problema a menudo surge cuando se intenta explicar esto a otros. Los datos sobre el tema son limitados. Lo bueno es, sin embargo, que más y más estudios están analizando este asunto. Mi documento de trabajo The Creative Wealth of Nations: How the Performing Arts can Advance Development and Human Progress (La riqueza creativa de las naciones: Cómo las artes de la representación pueden promover el desarrollo y el progreso humano), que tiene un prólogo del Premio Nobel de Economía de 1998, Amartya Sen, se suma a este coro de argumentos; considera el caso de utilizar más las artes en el desarrollo. Por ahora, déjenme tocar dos puntos.
 
Tomemos la imaginación. Muchos de nosotros usamos Post-it®Notes. Esta invención accidental (i) es uno de los cinco productos de oficina más vendidos en el mundo. Pero ¿cuántos de nosotros podría saber que estas notas pegajosas surgieron debido a que Arthur Fry, un científico e inventor, simplemente quería un marcador de libros (i) que no se cayera de su libro de himnos mientras cantaba con su coro de la iglesia? (i) Es tal vez difícil relacionar esto con el desarrollo, pero no obstante es valioso reconocer que esta invención fue posible gracias a una experiencia de música coral.
 
O consideremos las relaciones humanas. Si el desarrollo se trata de las personas, entonces, ¿qué personas? ¿Dónde están ellas? ¿De qué manera las actividades como cantar en un coro, tocar en un grupo o asistir a un evento cultural pueden ayudar al establecimiento de relaciones? El Coro del Banco Mundial y del FMI, integrado por más de 50 miembros, cultiva una cultura de la colaboración, una práctica que el Banco intenta promover. Desde luego, la colaboración no es una panacea, pero es difícil trabajar de manera conjunta eficientemente si no existe cooperación.

Los estereotipos son solo eso: estereotipos. Sin embargo, es asombroso cómo sesgan de manera persistente la realidad. Por supuesto, como otras formas de influir, se pueden utilizar las artes para reforzarlos. Pero un uso positivo de las artes puede romper los estereotipos. Para repetir quizás ejemplos obvios: el coro lo dirige una mujer, Sonya Subbayya Sutton, una rareza en el mundo de los directores de música clásica; una colega que me invitó a la presentación muy entusiasmada es china y no es cristiana; yo soy ugandés, entonces ¿qué estoy haciendo escuchando a Mozart? La Misa en do menor nos unió. La orquesta fue cautivante; el coro fue armonioso, incluso en las complejas fugas musicales, y las solistas —Nilam Brown y Patricia Rogers—, planearon como pájaros cantores que volaban en círculos en un cielo sin nubes. Por sobre todo, el público se sintió transportado a otro mundo.
 
Cuando el exsubdirector del FMI, Charles Merwin, presidió una “reunión para analizar la música en el FMI” en 1958, probablemente no se imaginó que años más tarde este grupo interpretaría la Gran Misa en do menor, K. 427, de Mozart. Espero que un día el coro presente obras como Ancient Voices of Children (Antiguas voces de niños) (i) de George Crumb; o que encargue composiciones de compositores poco conocidos de todo el mundo; o que actúe con estudiantes de la Escuela de Artes Duke Ellington, (i) o que incluso realice visitas de intercambio con coros de lugares como Kinshasa.


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