Publicado en Voces

Por qué necesitamos invertir en la resolución de conflictos para mejorar los resultados sobre biodiversidad

Crédito de la fotografía: Assam Haathi Project
Crédito de la fotografía: Assam Haathi Project.

La pandemia de COVID-19 está provocando un aumento de la pobreza y la desigualdad (Perspectivas económicas mundiales), lo que intensifica aún más la necesidad de centrarse en una recuperación inclusiva y sostenible. Para las comunidades locales que repentinamente se ven despojadas de los beneficios económicos directos de la naturaleza, apoyar la conservación de la vida silvestre se ha vuelto mucho más difícil.  El Marco Mundial de la Diversidad Biológica posterior a 2020 (i) es un paso clave hacia la visión de 2050 de “vivir en armonía con la naturaleza”; sin embargo, la verdad incómoda es que convivir con la naturaleza puede ser muy arduo, en especial con las especies silvestres, y las soluciones mundiales no siempre se trasladan fácilmente al nivel local.

Los conflictos relativos a la conservación de la biodiversidad adoptan muchas formas; actualmente, la forma más aguda es la transmisión zoonótica de enfermedades a los seres humanos, como en el caso del virus SARS-CoV-2, que tiene su origen en los murciélagos. El comercio ilegal de especies silvestres, las disputas relacionadas con la tierra y las zonas protegidas, el uso sostenible de especies y la deforestación son otros ejemplos de conflictos, al igual que los encuentros negativos directos entre la vida silvestre y las personas. Estos últimos, a menudo conocidos como conflictos entre seres humanos y la vida silvestre (i), suelen ser muy complejos y difíciles de resolver (i).

Los brotes de enfermedades derivados de las interacciones con las especies silvestres han existido durante mucho tiempo, pero ahora están aumentando a un ritmo mucho más rápido con el crecimiento de las poblaciones y los cambios que incrementan el contacto entre la vida silvestre y las personas y exacerban la aparición de patógenos. Hasta que no encontremos una mejor forma de abordar proactivamente estos conflictos, en algunos casos los costos diarios de proteger la biodiversidad superarán los beneficios que se obtienen de esta tarea.  En los países del llamado “sur global”, las personas que viven más cerca de las zonas protegidas (i) —destinadas a salvaguardar muchas especies— se encuentran entre las más marginadas y menos proclives a obtener beneficios tangibles de la biodiversidad. Cuando el ser humano y la vida silvestre viven uno al lado del otro, se generan conflictos que, si no se resuelven, crecen y se profundizan, lo que da lugar al resentimiento, el distanciamiento, la polarización de las partes interesadas y, en última instancia, una falta generalizada de apoyo a la naturaleza y al medio ambiente.

¿A qué nos referimos cuando decimos que la biodiversidad puede proporcionar beneficios tangibles? Los beneficios de la vida silvestre generalmente adoptan dos formas: beneficios económicos palpables y beneficios de valor cultural.  Cuando una comunidad obtiene un rendimiento económico —por ejemplo, de una parte de los ingresos del turismo o de medios de subsistencia sostenibles—, es mucho más probable que las personas acepten e incluso fomenten la vida silvestre en su entorno. El mismo argumento se ha utilizado para convencer a los Gobiernos de que reserven recursos para la gestión de zonas protegidas. Sin embargo, como nos ha mostrado esta pandemia, los beneficios económicos también pueden desaparecer muy rápidamente cuando, por ejemplo, los turistas dejan de visitar esas áreas y disminuyen los ingresos.

Por esta razón, vincular exclusivamente los beneficios de la biodiversidad con los ingresos directos es riesgoso e insuficiente para alcanzar los objetivos de conservación. Se deben demostrar otros beneficios, como los servicios de los ecosistemas y el valor de la vida silvestre por motivos culturales, espirituales o de bienestar. Las comunidades que presentan una arraigada apreciación cultural de la naturaleza, los espacios protegidos y ciertas especies de plantas o animales son menos propensas a una interacción más destructiva con la vida silvestre cuando la situación económica cambia rápidamente.

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Reunión comunitaria en Assam (India) para abordar el conflicto entre seres humanos y la vida silvestre. Crédito de la fotografía: Alexandra Zimmermann
Reunión comunitaria en Assam (India) para abordar el conflicto entre seres humanos y la vida silvestre. Crédito de la fotografía: Alexandra Zimmermann.

No obstante, ante las presiones de cambio social y cuando no se abordan los conflictos subyacentes, incluso pueden desaparecer los valores culturales sobre las especies silvestres. Por lo tanto, gestionar los conflictos y promover la valoración de la naturaleza en sí misma es extremadamente importante. Los repetidos impactos negativos de vivir cerca de zonas protegidas o de vida silvestre socavan la voluntad de apoyar las soluciones basadas en la naturaleza y de comprometerse con ellas, por lo que es esencial reducir el riesgo de los costos asociados con este tipo de vida.

¿Cómo pueden trabajar conjuntamente los especialistas y los Gobiernos para resolver los conflictos sobre la biodiversidad sin depender excesivamente de los beneficios económicos? 

  1. Comprender los problemas sociales y de desarrollo subyacentes: la mayoría de los conflictos sobre la biodiversidad se basan en antecedentes de tensiones, cambios sociales, desigualdades y divisiones entre las partes interesadas. Nunca hay dos conflictos similares, pero casi todos están mucho más arraigados de lo que parece: a menudo son el resultado de un historial de intentos fallidos por abordar incidentes anteriores, lo que lleva a una división creciente entre las partes involucradas. Por ejemplo, los sistemas de tenencia de la tierra que son poco claros pueden quitar los derechos de las comunidades a poseer, gestionar y utilizar especies silvestres. Esas cuestiones contextuales pueden socavar en gran medida los intentos de proteger la biodiversidad. Los enfoques de participación de la comunidad (PDF, en inglés) profesionales y sensibles son de vital importancia en este caso.
  2. Ampliar los esfuerzos para fomentar los valores culturales y sociales relativos a la naturaleza: los aspectos clave de la apreciación cultural y social de la biodiversidad son más importantes que nunca. La valoración de la naturaleza puede desarrollarse y promoverse invirtiendo en una educación ambientalmente consciente, fomentando la toma de decisiones colaborativas, favoreciendo y apoyando la celebración cultural de la biodiversidad y defendiendo los conocimientos tradicionales. Algunos ejemplos de la vida junto a cocodrilos (i) o leones asiáticos (i) en India muestran que es posible lograr una protección de la vida silvestre basada en las actividades comunitarias e influenciada por los aspectos culturales, y que se trata de un activo que merece un cuidadoso respaldo.
  3. Invertir en aptitudes para la resolución de conflictos: en esta situación sin precedentes de disminución del rendimiento económico directo para las comunidades a partir de la vida silvestre y la naturaleza, se observa que la mayoría de los especialistas y organismos de conservación no están nada preparados en lo que hace a aptitudes específicas y capacidad de resolución de conflictos. La gestión de conflictos —ya sea sobre la vida silvestre, las zonas protegidas u otras cuestiones ambientales— requiere el apoyo profesional de mediadores y negociadores de disputas. Tenemos que mejorar nuestras capacidades de búsqueda de soluciones duraderas para estos problemas más complejos.

Abordar los conflictos en el marco de la conservación de la biodiversidad resulta más importante que nunca, ahora que el mundo intenta recuperarse de las pérdidas económicas de la COVID-19. Esto incluye aceptar que los espacios compartidos con la vida silvestre y la protección de la biodiversidad son una parte clave de la prevención de nuevas enfermedades en el futuro. Es poco probable que los enfoques utilizados hasta hoy para resolver estos conflictos nos acerquen a la visión del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas de vivir en armonía con la naturaleza. El desafío que tenemos por delante consiste en entender cabalmente qué se necesita para hacerlo y qué significa vivir junto a la biodiversidad y beneficiarse de ella.


Autores

Alexandra Zimmermann

Senior Advisor, Global Wildlife Program

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