Proporcionar fondos a quienes trabajan en la primera línea de acción es crucial para poner fin al brote de ébola

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En las últimas semanas, la crisis de ébola más reciente llegó a un punto crítico. El 17 de julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria mundial, y el Banco Mundial ha comprometido otros USD 300 millones en recursos para quienes se encuentran en la primera línea de acción contra el mortífero brote epidémico.

La actual epidemia de este virus mortal, que comenzó hace un año en la República Democrática del Congo (RDC), es el décimo de los devastadores brotes a los que se ha enfrentado el país en las últimas cuatro décadas. En los últimos 12 meses murieron más de 1600 personas.

Hace cinco años, otro brote epidémico se cobró 11 000 vidas en África occidental. Las cifras por sí solas son alarmantes, y cada muerte representa vidas interrumpidas y familias que lloran a sus seres queridos.

Durante esta última emergencia, el Banco Mundial ha colaborado con el Gobierno y el pueblo de la RDC, asociados internacionales y organizaciones no gubernamentales para hacer frente al problema.

Un desafío crucial consiste en proporcionar fondos a los heroicos trabajadores de la salud de la RDC, las Naciones Unidas y la OMS, y otras organizaciones que trabajan en la primera línea de acción para contener y erradicar la enfermedad.

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La lucha para contener el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC)

Dichos actores trabajan en entornos de fragilidad y conflicto donde normalmente se desconfía del Gobierno y se carece de cohesión social y seguridad. Los USD 300 millones adicionales en concepto de ayuda que hemos comprometido se financiarán mayormente a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), nuestro fondo dedicado a los países más pobres, para ayudar a la RDC a responder a la crisis y retomar un camino de desarrollo más duradero.

Dicho monto se suma a los USD 80 millones ya desembolsados provenientes de los mecanismos de contingencias ante las crisis de la AIF. Los fondos ayudan a respaldar las necesidades más inmediatas: establecer centros para el tratamiento del ébola; brindar apoyo a los trabajadores que se encuentran en la primera línea con remuneraciones por condiciones de trabajo peligrosas; instalar dispositivos para el lavado de las manos a fin de detener la propagación del virus, y financiar laboratorios ambulantes, equipos de seguimiento de casos para rastrear la enfermedad, y equipos de descontaminación para garantizar que las zonas de los brotes puedan volver a ser seguras.

Sin embargo, este brote epidémico podría intensificarse y sigue siendo una peligrosa amenaza para las personas que viven en la zona este de la RDC y otras regiones.

En mi opinión, existen cuatro áreas que requieren medidas urgentes y en las que, actuando como es debido, se puede combatir esta epidemia de manera eficiente.

En primer lugar, necesitamos destinar dinero y apoyo a quienes más lo necesitan: los trabajadores de la salud y los equipos de respuesta inicial.

Estamos trabajando para garantizar que los fondos del Banco lleguen rápidamente a las primeras líneas e instamos a otras entidades a unirse a nosotros y ayudar a subsanar los déficits de financiamiento.

En segundo lugar, debemos ir más allá del ámbito de la salud. Una de las enseñanzas derivadas del brote de ébola de 2014 es que la lucha contra una pandemia no implica solamente construir más hospitales o contratar más médicos o enfermeros.

Se trata de apoyar a las comunidades mejorando la educación, fomentando el cambio de comportamiento, ampliando los servicios sociales y generando empleo. Por lo tanto, una parte considerable del nuevo financiamiento del Banco permitirá ampliar el acceso a los servicios sociales con el objeto de crear 50 000 puestos de trabajo durante el próximo año a través de programas de dinero a cambio de trabajo.

Este financiamiento presenta la triple ventaja de proporcionar ingresos a hogares en dificultades, mejorar la infraestructura local y generar confianza en la comunidad.

En tercer lugar, los recursos deben utilizarse de la manera más eficiente posible, lo que incluye la rendición de cuentas financieras. Estamos brindando apoyo al Gobierno de la RDC y a asociados internacionales para garantizar que se cuente con los sistemas financieros básicos para evaluar las necesidades y obtener recursos de manera eficiente y eficaz.

Por último, debemos redoblar nuestros esfuerzos para abordar las causas más profundas de la fragilidad y la pobreza.

Si bien los brotes de la enfermedad pueden producirse en todo momento, se ven exacerbados por factores como instituciones y economías débiles, pobreza, falta de recursos o una respuesta insuficiente.

Nos centramos en contener este brote y acelerar el proceso de recuperación, y también estamos trabajando para afrontar los persistentes desafíos de desarrollo a raíz de los cuales determinadas zonas de la RDC se volvieron vulnerables a los brotes epidémicos desde el primer momento.

El Banco Mundial seguirá colaborando con la OMS y otras organizaciones para proporcionar recursos a las personas que combaten esta epidemia y a las comunidades que más apoyo necesitan. Seguimos presentes en la RDC, nos hemos comprometido como asociado a largo plazo y continuaremos trabajando en otros países donde puedan producirse brotes de ébola.

Las perspectivas para muchas personas dependen de que se logre poner fin cuanto antes a este brote, lo que requerirá un esfuerzo multinacional organizado y bien financiado.

David Malpass es el presidente del Grupo Banco Mundial.

Publicado originalmente en The Telegraph (i).

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