Publicado en Voces

Una historia de resiliencia: Desde un viaje en un bote de goma en el mar a nadar en las Olimpíadas de Río


Un frío día en octubre de 2015, Rami Anis, de 24 años de edad, se subió a un bote de goma en el mar Egeo en Turquía. Su destino era Europa, y su meta era tener una vida mejor lejos de la guerra y el sufrimiento.

Al mirar a las personas que lo rodeaban en el bote, se horrorizó. Eran niños, hombres y mujeres. Nunca dejó de pensar que era probable que no lo consiguieran, aun cuando él es un nadador profesional.

“Porque con el mar no puedes jugar”, dijo el refugiado sirio.

Pero el 11 de agosto, en vez de estar preocupado de nadar en el mar, Rami participará en las competencias de natación en las olimpíadas. Él arribó de manera segura a Bélgica después de días de realizar un viaje desgarrador, desde Estambul a Esmirna; y luego de Esmirna a Grecia, antes de emprender una caminata a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Hungría, Austria, Alemania y, finalmente, llegar a Bélgica.

Rami competirá en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, como integrante del equipo olímpico de refugiados —el primero de su tipo— y marchará con la bandera olímpica inmediatamente antes de la nación anfitriona, Brasil, durante la ceremonia de apertura.

Nunca ser un derrotista

La determinación de Rami por alcanzar sus sueños deportivos lo condujo a aceptar los desafíos de la vida y nunca renunciar a esos sueños. Él no era un derrotista, aunque la vida lo golpeó tan duramente a él y su familia.

Cuando estalló la guerra en su ciudad natal (Aleppo), huyó a Turquía. Originalmente, había pensado que solo se quedaría un máximo de dos o tres meses, y que luego volvería a su país.

No sabía, como tantos de sus compatriotas sirios, que la situación se había convertido en algo mucho más complicado. La vida era incierta y su futuro atlético corría el peligro de no hacerse realidad.

“No podíamos mirar hacia adelante, porque mientras más tiempo duraba la guerra, menos sabíamos qué nos deparaba el futuro”, me dijo Rami durante un llamado mediante el sistema de mensajería de Facebook.

Pero continuó entrenando durante cuatro años en Turquía. Pagó el entrenamiento con su propio dinero y el de su hermano Iyad. Sin embargo, a medida que pasaban los años, su sueño de representar a un equipo profesional se iba diluyendo, aun cuando entrenó en el famoso club deportivo Galatasaray. Como no tenía ciudadanía turca, no podía participar en torneos de natación.

“Tuve mucha paciencia durante cuatro años, aunque no tenía ningún apoyo o no podía participar [en competencias]. Había perdido la esperanza. La guerra parecía no terminar nunca y, aunque así fuera, ¿cómo iba a regresar? Las piscinas estaban destruidas. No quedaba nada”, señaló.

Por lo que decidió irse a Europa con la ayuda de contrabandistas. No tenía oportunidades en Turquía de lograr avances en su vida deportiva. Tan pronto llegó a Bélgica y se estableció allí como refugiado, Rami se puso en contacto con Carine Verbauwen, una nadadora finalista en las olimpiadas, que se convirtió en entrenadora. Rami empezó a entrenar en su club, el S&R Rozebroeken, en la ciudad belga de Gante.

Estos pequeños pasos en Bélgica lo pusieron de vuelta en la pista hasta que se presentó una oportunidad mayor. En enero pasado, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, visitó el campamento Eleonas de refugiados y migrantes en Atenas. En ese lugar, anunció que los atletas destacados que son refugiados y que no pueden representar a un país tendrán la oportunidad de competir en las Olimpíadas de Río bajo la bandera olímpica.

Rami se contactó de inmediato con el COI, y ¡listo!: solo fue una cuestión de ser seleccionado. En junio pasado, lo eligieron para ser parte de un grupo de 10 atletas refugiados. Estos incluyen a (i) dos nadadores sirios, dos judocas de la República Democrática del Congo, un maratonista de Etiopía y cinco mediofondistas de Sudán del Sur.

Si bien Rami competirá bajo la bandera del COI y no la de su país, espera representar algún día a su querida Siria.

“No hay nada más preciado que tu propia patria”, concluyó.


Autores

Bassam Sebti

Arabic-Language Digital Specialist, IFC

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