Usemos nuestra voz en los medios sociales para poner fin a las adversidades

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¿Cuándo fue la última vez que usó la cámara de su teléfono móvil? ¿Ayer, esta mañana, o hace unos pocos minutos? ¿Qué hizo? ¿Tomó una foto de su niño o su mascota, o quizás registró un problema en su comunidad para atraer la atención pública?
 
¿Ha pensado alguna vez que la cámara de su teléfono puede captar no solo las cosas cotidianas? ¿Sabía que con una sola instantánea podría salvar vidas y ayudar a muchas personas a superar dificultades y salir de la pobreza?
 
¡Sí, usted puede hacerlo! Al menos un desconocido en el centro de Beirut creyó eso.
 
Fue un día caluroso y húmedo en agosto de 2015 en la capital libanesa cuando ese desconocido tomó una foto de un hombre, visiblemente angustiado y al borde de las lágrimas, que sostenía a su hija sobre su hombro y trataba de vender un puñado de bolígrafos baratos.

Él publicó la foto en las redes sociales. ¡Bum! ¡Enseguida, la imagen se viralizó!
 
La fotografía fue vista por Gissur Simonarson, (i) un activista de Oslo (Noruega), quien ayuda a administrar el sitio Conflict News. (i) Él puso la imagen en Twitter para tratar de ubicar al hombre. Con la ayuda de periodistas y activistas locales en el Líbano, pudo identificarlo.
 
El hombre en la foto es Abdul Halim Attar, un refugiado sirio-palestino del campamento de Yarmouk, (i) y su hija de 4 años, llamada Reem.
 
Dentro de pocos días, Simonarson creó una cuenta en Twitter (@buy_pens) e inició una campaña de financiamiento colectivo en Indiegogo, (i) con el fin de recaudar USD 5000 en 15 días para el refugiado y su hija. Logró su objetivo en solo media hora.

Attar, quien en el pasado trabajó en una fábrica de chocolates en Damasco, tuvo problemas para encontrar un empleo en Beirut, adonde llegó luego de escapar de los intensos combates en Yarmouk en 2012. Pero hoy, gracias a la cámara de un teléfono, las redes sociales e Internet, este padre soltero de dos hijos —de 33 años— ha abierto tres negocios (i) en Beirut y da empleo a otros refugiados.
 
La historia del “Vendedor de bolígrafos de Beirut” nos recuerda que todos podemos hacer algo para ayudar, y que la colaboración masiva en los medios sociales puede realizarse fácilmente mediante una foto, un llamado a la acción o incluso unas pocas palabras. En Iraq, por ejemplo, dos amigos empezaron una campaña en las redes sociales para ayudar a los pobres. En Facebook llamaron a otras personas a sumarse y servir comidas en una escuela local. Recibieron el apoyo de 123 personas. El grupo, ahora llamado “Iraq Builders”, (i) comenzó a publicar convocatorias abiertas para llevar a cabo diferentes iniciativas en el país, especialmente dirigidas a asistir a personas necesitadas, como viudas y huérfanos.
 
Internet nos da tanta libertad y ahora nuestra voz tiene más fuerza debido a ello. Así que asegurémonos que todos sabemos cómo usar esa voz para buenas causas, y alentemos a otros a hacerlo también de modo de ayudar a quienes no están conectados.

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