Liberar la economía azul del Caribe Oriental

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View of Roseau, the capital of Dominica
Vista panorámica de Roseau, la capital de Dominica. Foto: Banco Mundial

¿Sabías que las industrias costeras y de origen marítimo aportan hasta US$2,5 billones a la economía mundial? Estas actividades generan millones de puestos de trabajo y una multiplicidad de beneficios y servicios adicionales. No obstante, dichos beneficios son contrarrestados por las prácticas nocivas de los seres humanos que destruyen la salud de nuestros océanos a través de la pesca excesiva, la contaminación oceánica y el calentamiento global que eleva la temperatura de la superficie del océano, provocando enormes eventos de blanqueamiento y mortandad de corales.

El concepto de desarrollo llamado Economía Azul apunta a resolver esta conflictiva relación con los océanos planetarios. Una economía azul vibrante promueve el uso sostenible e integrado de los recursos naturales vivos costeros y marinos para mejorar el crecimiento económico, los puestos de trabajo y los medios de subsistencia , preservando la integridad y la salud de los ecosistemas costeros y marinos.

Los países del Caribe Oriental son importantes naciones marítimas con una superficie oceánica combinada de más de 546.000 km2 que apoyan los sectores tradicionales de la economía azul: pesquerías, turismo y transporte marítimo, además de sectores emergentes como la maricultura, energías renovables y biotecnología.

En la actualidad el Caribe Oriental está a la vanguardia de los esfuerzos mundiales por invertir fuertemente en el desarrollo de su economía azul, en estrecha colaboración con el Banco Mundial, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Fondo Fiduciario de Múltiples Donantes PROBLUE. El lanzamiento del Proyecto para Liberar la Economía Azul del Caribe (UBEC, por sus siglas en inglés) es un buen ejemplo de cómo la región caribeña avanza en este sentido.

UBEC es un proyecto de US$60 millones de la Asociación Internacional de Fomento y el programa regional de inversión en la economía azul financiado por PROBLUE. El proyecto se diseñó para todo el Caribe y beneficia a Granada, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas e involucra a la Comisión OECO en la Fase I de 2022 a 2027.

El éxito del UBEC ya es evidente, habiendo recibido recientemente el ilustre Premio Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) de las Naciones Unidas en la categoría Economía, en reconocimiento de su compromiso y apoyo a la economía azul de los PEID caribeños y sentando las bases para una inversión adicional de más envergadura en la economía azul de todos los PEID del mundo.

¿Cuál es la situación actual de la economía azul en el Caribe Oriental?

Con apoyo del Fondo Fiduciario de Múltiples Donantes PROBLUE, el Banco Mundial encargó una serie de estudios sobre la economía azul para arrojar luz sobre la situación de la economía oceánica del Caribe. Los principales hallazgos indican que los sectores más importantes de la economía azul son algunos de los más afectados por el impacto negativo del cambio climático, incluidos: aumento de temperatura de la superficie del mar, aumento en el nivel de los océanos, acidificación del océano y el impacto destructivo de una mayor frecuencia e intensidad de los desastres naturales.

Al mismo tiempo, el Caribe Oriental es rico en biodiversidad marina y cuenta con el mayor número de especies de todo el Caribe. No obstante, estos recursos naturales vivos costeros y marinos están amenazados por el desarrollo costero no regulado, el vertido de residuos sólidos y líquidos terrestres, la sobrepesca y floraciones de sargazo que restringen el acceso a playas y costas y que, en conjunto, han tenido un impacto pernicioso sobre la salud de las comunidades costeras, la seguridad alimentaria y la industria turística.

El turismo es el principal motor económico del Caribe Oriental. Representa el 50 % del Producto Interno Bruto (PIB) y cerca del 40 % del empleo. 

La industria turística se vio seriamente afectada por la pandemia de COVID-19. Los avances en vacunación en algunos de los principales mercados emisores, la demanda acumulada y el marketing de las islas como “refugios seguros” ayudarán al sector a recuperarse paulatinamente en 2022. Y aunque es un sector maduro, la demanda turística en la región tiene un potencial de crecimiento significativo si logra focalizarse en diferentes segmentos turísticos, adaptándose a las nuevas necesidades del mercado y mejorando la resiliencia y sostenibilidad general de la base de recursos ambientales y naturales de los cuales depende la industria turística.

Las pesquerías marinas representan una fuente importante de seguridad alimentaria y puestos de trabajo en el Caribe Oriental, si bien representan una porción pequeña del PIB .  Queda mucho por hacer en este ámbito. No se conoce muy bien el estado de la mayoría de los recursos pesqueros y de mariscos de la región debido a la falta de datos, apoyo financiero y capacidad institucional. Son muchas las oportunidades de agregar valor al sector mediante mejoras en la calidad de los productos y la armonización de las medidas sanitarias y fitosanitarias que atañen a los mariscos. La maricultura también es un área de crecimiento promisoria, particularmente en lo que respecta a un aumento de las exportaciones de musgo marino (un tipo de alga), gracias a su creciente popularidad como superalimento en los mercados internacionales.

Por otra parte, alrededor del 80 % de la contaminación marina en el Caribe Oriental proviene del vertido de residuos terrestres, en su mayoría aguas residuales no tratadas, desperdicios mal gestionados y escorrentía agrícola . La gestión de residuos es crucial para la salud de las pesquerías costeras y ecosistemas asociados en los estados insulares, que a su vez son cruciales para las playas y otros activos naturales necesarios para captar turistas. Si bien estos países cuentan con sistemas de gestión de residuos y realizan esfuerzos conjuntos por encarar el problema de la contaminación por plásticos, en la mayoría de los casos no existen sistemas separados de recolección o protocolos para materiales reciclables, medidas clave para contener este tipo de contaminación.

Hacia adelante

Dado el creciente número de actividades costeras y relacionadas con los océanos que compiten por el escaso espacio costero (p. ej., turismo, pesca y maricultura), a futuro será necesario que los países del Caribe Oriental generen mecanismos apropiados y efectivos de solución de controversias.  El logro de una economía azul más vibrante y sostenible en el Caribe Oriental depende de acciones conjuntas, entre las cuales se incluye:

  • Asegurar que los Comités Nacionales de Gobernanza Oceánica estén operativos y cuenten con los recursos para coordinar, guiar y orientar medidas de gobierno para impulsar una economía azul robusta.
  • Implementar sus Planes Maestros y Espaciales Costeros y Marinos para guiar la toma de decisiones y apoyar la solución de controversias relacionadas con sus espacios costeros y marinos compartidos.
  • Asegurarse de incluir a las mujeres, jóvenes, comunidades locales y grupos subrepresentados como partes interesadas clave en el diálogo y las decisiones en torno a la economía azul.
  • Apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas facilitando el acceso al financiamiento y el desarrollo de capacidades para mejorar la productividad, impulsar la innovación y promover la diversificación productiva.

Hay mucho en juego.  Este es el momento de invertir en los recursos vivos costeros y oceánicos del Caribe para combatir el cambio climático, asegurar la seguridad alimentaria y los medios de vida, y proteger las comunidades costeras  del aumento en el nivel del mar, las tormentas y las inundaciones.

Liberar la economía azul en las islas caribeñas —y los PEID de todo el mundo— ofrece un potencial enorme para diversificar sus economías, fortalecer la resiliencia ante los shocks mundiales y el cambio climático , y generar puestos de trabajo significativos y a largo plazo para todos.

Autores

Anna Wellenstein

Director Regional, Asia Oriental y Pacífico, Grupo de Práctica en Desarrollo Sostenible, Banco Mundial

Genevieve Connors

Directora de Prácticas Ambientales para la región de América Latina y el Caribe del Banco Mundial

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