Las nuevas estimaciones de mortalidad infantil y juvenil muestran reducciones drásticas, pero los avances se ven amenazados por el impacto de la COVID-19 (coronavirus)

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Single young African mother in a village in Botswana
Fotografía: Lucian Coman/Shutterstock.com

Este blog se basa en las nuevas estimaciones de mortalidad (i) y en un informe (PDF, en inglés) publicado hoy por el Grupo Interinstitucional para la Estimación de la Mortalidad en la Niñez de las Naciones Unidas (IGME) (i).

En los últimos 29 años, la mortalidad infantil y juvenil se redujo drásticamente.  En todo el mundo, la mortalidad de los niños menores de 5 años cayó un 59 %: pasó de 93 muertes por cada 1000 nacidos vivos en 1990 a 38 en 2019. Entre los niños de 5 a 14 años, la mortalidad se redujo un 54 %, de 15 casos a 7 por cada 1000, mientras que entre los jóvenes de 15 a 24 años, disminuyó un 34 %, de 17 a 11 por cada 1000.

No obstante, la carga mundial de muertes de niños y jóvenes sigue siendo inmensa. Tan solo en 2019 fallecieron 7,4 millones de niños, adolescentes y jóvenes, en su mayoría por causas evitables o tratables.  Esto equivale a más de 20 000 muertes al día. El 70 % de ellos (es decir, 5,2 millones) tenía menos de 5 años.

En los niños, el riesgo de morir fue más alto en el período neonatal (los primeros 28 días de vida). En 2019, casi la mitad (47 %) de las muertes de menores de 5 años se produjeron en la etapa neonatal. Debido a que el ritmo de la disminución de la mortalidad neonatal ha sido más lento que la de los menores de 5 años, la cantidad de muertes se ha concentrado crecientemente en el período neonatal. La proporción de muertes neonatales en el total de fallecimientos de niños menores de 5 años se incrementó del 40 % en 1990 al 47 % en 2019, mientras que la cantidad de muertes de niños menores de 5 años en todo el mundo cayó de 12,5 millones a 5,2 millones en ese mismo período.

Dentro de la etapa neonatal, el riesgo de vida es aún mayor para los más pequeños. Cerca de un tercio de todas las muertes registradas en esta etapa se producen durante el primer día posterior al nacimiento y casi las tres cuartas partes, en la primera semana de vida.

Para reducir la mortalidad neonatal se requerirá una inversión más significativa que permita desarrollar sistemas de salud más sólidos y mejorar la cobertura y la calidad de la atención prenatal. También se necesitará atención durante el parto y en la primera semana para salvar la vida de las madres y los recién nacidos.

Todavía persisten enormes disparidades en la tasa de supervivencia de los niños según la región y el país. En 2019, más de 8 de cada 10 muertes de niños menores de 5 años se produjeron en solo dos regiones: África al sur del Sahara (55 %) y Asia meridional (27 %).

África al sur del Sahara continúa registrando la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años más alta del mundo (76 muertes por cada 1000 nacidos vivos), seguida por Asia meridional (40 muertes por cada 1000 nacidos vivos). Uno de cada 13 niños de África al sur del Sahara y 1 de cada 25 de Asia meridional murieron antes de cumplir 5 años.

Las posibilidades de supervivencia dependen en gran medida del lugar donde el niño nace. En el análisis por países, Nigeria muestra la tasa más alta de mortalidad de menores de 5 años, con 117 muertes por cada 1000 nacidos vivos (es decir, muere 1 de cada 9 niños).

Las mujeres recién nacidas tienen una ventaja biológica en la supervivencia en comparación con los varones, y esa ventaja se mantiene durante toda la vida. En promedio, los niños varones tienen más probabilidades que las niñas de morir antes de cumplir los 5 años. En el mundo, la tasa de mortalidad de menores de 5 años llega a 40 por cada 1000 nacidos vivos para los niños y a 35 para las niñas. La probabilidad de morir es más alta para los niños que para las niñas en todas las regiones. Sin embargo, en Asia meridional el riesgo de que las niñas mueran antes de los 5 años es significativamente más alto que lo que muestran los patrones mundiales.

Los notables avances logrados durante décadas están hoy amenazados por los efectos de la COVID-19

Las nuevas estimaciones del IGME corresponden a los años previos a 2019, es decir, antes de que se iniciara la pandemia mundial del nuevo coronavirus. En el informe del IGME (PDF, en inglés) se advierte que los enormes avances logrados hasta 2019 están ahora a punto de desbarrancarse en una crisis mundial de mortalidad infantil provocada por los efectos de la pandemia de coronavirus de 2020.

Las evidencias iniciales sugieren que, si bien es posible que el impacto de la COVID-19 en la mortalidad directa de niños y jóvenes sea pequeño, los efectos indirectos pueden ser graves. Muchos servicios que resultan cruciales para salvar vidas ya se han visto alterados por la COVID-19. Como ejemplos cabe mencionar las disrupciones en las cadenas de suministros de insumos médicos y alimentos, la caída en el uso y la prestación de servicios de salud básicos y la reasignación de recursos y personal del sector de la salud.

Por ejemplo, el Mecanismo Mundial de Financiamiento estima (i) que unos 26 millones de mujeres podrían dejar de acceder a métodos anticonceptivos en 36 países, lo que podría dar como resultado casi 8 millones de embarazos no deseados.

Estas alteraciones exponen a decenas de millones de mujeres y niños al riesgo de morir o de padecer problemas de salud que los afectarán toda la vida. Los Gobiernos y la comunidad mundial del sector de la salud deberán redoblar esfuerzos para proveer servicios de salud esenciales a fin de evitar poner en peligro los años de avances. El Mecanismo Mundial de Financiamiento brinda activamente apoyo a los países para que establezcan prioridades y planifiquen la continuidad de los servicios de salud esenciales, incrementen la prestación de servicios de atención y aborden las limitaciones en la demanda de servicios.

Estas estimaciones de mortalidad fueron elaboradas por el IGME de las Naciones Unidas. El IGME incluye como miembros plenos al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Mundial de la Salud, el Grupo Banco Mundial y la División de Población de las Naciones Unidas (i). El Grupo se formó en 2004 con el propósito de intercambiar datos sobre mortalidad, armonizar las estimaciones dentro del sistema de las Naciones Unidas, mejorar los métodos para estimar la mortalidad infantil e informar sobre los avances respecto de los objetivos de desarrollo del milenio. El IGME continúa elaborando estimaciones confiables y transparentes de la mortalidad para examinar el avance de los países hacia la meta 3.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (i). Todos los datos, las estimaciones y los detalles sobre la metodología pueden consultarse en el sitio web de las estadísticas de mortalidad infantil (i). Estas nuevas estimaciones están también disponibles en las bases de datos de los Indicadores del Desarrollo Mundial y de HealthStats (i) del Banco Mundial.

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Autores

Emi Suzuki

Demógrafo, Grupo de gestión de datos sobre el desarrollo

Haruna Kashiwase

Consultora del Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo del Banco Mundial

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