La COVID-19 (coronavirus) podría dejar secuelas económicas duraderas en los países más pobres: a todos nos conviene actuar ya

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Transcurrido un año de la crisis provocada por la COVID-19, la mayoría de los 74 países más pobres del mundo parecen haber evitado inicialmente los brotes de gran escala inmediatos que se han convertido en la norma en otros lugares. Entre los países que pueden recibir financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial, la tasa de infección por la COVID-19 era de 32 por cada 100 000 personas en enero, un 5 % del promedio de todos los mercados emergentes y las economías en desarrollo.

El verdadero impacto de la COVID-19 en los países más pobres

Sin embargo, esa impresión puede resultar engañosa: la limitada capacidad para realizar pruebas podría estar ocultando la verdadera magnitud de la pandemia en esos países. Igual importancia reviste el hecho de que, comparativamente, el costo económico de la COVID-19 que enfrentan los países es mucho más grave que todo lo que han soportado en los 60 años transcurridos desde la creación de la AIF, y salir de la crisis no será un proceso rápido ni fácil. 

De hecho, la pandemia de COVID-19 ha provocado un colapso económico: el PIB per cápita disminuyó un 3,5 % en 2020, anulando entre tres y cuatro años de avances en la reducción de la pobreza. En 1 de cada 5 países de la AIF, los ingresos per cápita son hoy más bajos que hace una década, y el daño es aún más grave en los países frágiles y afectados por conflictos y los Estados pequeños. Según nuestras últimas estimaciones, para finales de 2021, la pandemia empujará a la pobreza extrema a entre 55 y 63 millones de personas en los países de la AIF.

Los elevados niveles de deuda implican decisiones difíciles

Cuando se inició la pandemia, los países de la AIF ya se encontraban altamente endeudados. La COVID-19 intensificó el peligro de una crisis de la deuda en algunos de estos países: en medio de las fuertes caídas de los ingresos públicos y de las costosas medidas de apoyo fiscal adoptadas por los Gobiernos, la deuda pública ha aumentado en 8 puntos porcentuales del PIB hasta alcanzar el 62 %. En África al sur del Sahara llega al 70 % del PIB.

Según el Fondo Monetario Internacional, para fines de 2021, las necesidades de financiamiento externo de los países clientes de la AIF sobrepasarán los USD 67 000 millones, una cantidad superior al promedio histórico de los últimos cinco años. No es una cifra pequeña, especialmente en un momento en el que los países necesitan el mayor grado de amortiguación fiscal posible.

Estas enormes necesidades de financiamiento obligan a los países de la AIF a tomar decisiones muy difíciles: ¿deberían comprometer el gasto que se necesita para asistir a los ciudadanos vulnerables y promover una recuperación duradera, aunque eso signifique arriesgarse a una crisis de la deuda? ¿O deberían en cambio resguardarse y simplemente renunciar al gasto, con un enorme costo en vidas humanas y estabilidad social?

Ningún país debería tener que enfrentarse a este dilema; por eso, el Banco Mundial se ha centrado en aumentar el financiamiento en condiciones altamente concesionarias o las donaciones para los países más pobres y frágiles. El apoyo sin precedentes de la AIF forma parte de la respuesta más amplia del Grupo Banco Mundial por un monto de USD 160 000 millones, que se está proporcionando a lo largo de un período de 15 meses hasta junio de 2021 y que incluye entre USD 50 000 millones y USD 55 000 millones en donaciones y préstamos sin intereses o a un interés muy bajo para ayudar a los países a responder a la crisis que se desarrolla con rapidez.

La COVID-19 es ya claramente una crisis profunda, sincronizada y extendida

La recuperación económica que ahora se vislumbra no es muy alentadora: es probable que el crecimiento sea escaso en los próximos años. El análisis contenido en el último informe Perspectivas económicas mundiales del Banco Mundial sugiere que, este año, los países de la AIF crecerán un modesto 2,6 %, incluso si hay una distribución generalizada de vacunas, un repunte de la demanda externa y una reanudación del turismo mundial y los viajes de negocios. A fines del año, la producción se mantendrá un 7 % por debajo de lo que podría haber sido sin la pandemia.

Las recesiones suelen dejar secuelas. Las expectativas de crecimiento a largo plazo de los países que sufren recesiones disminuyen, en promedio, 1,5 puntos porcentuales en los cinco años posteriores a la recesión. Esto se debe a que las recesiones reducen los flujos de inversión, interrumpen los vínculos de las cadenas de suministro, afectan la salud y los medios de subsistencia, y van en detrimento del capital humano, empujando a las personas de nuevo a la pobreza extrema.

Sin embargo, la pandemia de COVID-19 se sitúa en una categoría propia: ninguna crisis desde la Segunda Guerra Mundial ha tenido efectos económicos globales tan amplios y profundos. El alto nivel de desempleo, la pérdida de escolaridad y el deterioro de los resultados sanitarios que se derivan de la pandemia han afectado de forma desproporcionada a las mujeres, los niños y otros segmentos vulnerables de la población. No es de extrañar que los países con medios para hacerlo emprendieran el año pasado esfuerzos de estímulo fiscal sin precedentes, por lo que, para muchos de los países más pobres que no podían permitírselo, la AIF fue un salvavidas. En medio de una crisis histórica, ha llegado el momento de movilizar financiamiento adicional para estos países.

El apoyo a los países de la AIF es un apoyo para todos

Hace casi 70 años, los líderes mundiales tuvieron la visión de reconocer la cadena de interdependencia “inextricablemente forjada” (i) entre las naciones desarrolladas y en desarrollo. Al cabo de una década, sus ideas condujeron a la creación de la AIF. En 2019, el mundo estuvo a punto de eliminar la pobreza extrema por primera vez en la historia de la humanidad.

Tras la pandemia de COVID-19, será especialmente importante sacar el mayor provecho posible de la interdependencia mundial. La prosperidad en los países más pobres puede ayudar a asegurar la durabilidad de esta en todos los demás.  Asegurémonos de que la AIF disponga de los recursos necesarios para seguir ayudando a los países a proteger los logros conseguidos con tanto esfuerzo y a evitar secuelas económicas duraderas en los años cruciales que se avecinan. El momento de actuar es ahora.

Este blog forma parte de una serie de artículos sobre las formas de garantizar una recuperación resiliente de la COVID-19 en los países más pobres del mundo (i). Para saber las últimas novedades, siga a @WBG_IDA y #IDAWorks.

Autores

Ayhan Kose

Vicepresidente interino, Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones (EFI); Economista en jefe, EFI; Director, Grupo de Análisis de las Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial

Akihiko Nishio

Vicepresidente de Financiamiento para el Desarrollo, Banco Mundial