Publicado en Voces

La crisis provocada por la COVID-19 no ha afectado a todos por igual en los países en desarrollo

Une commerçante dans un marché à Las Pinas (Grand Manille), aux Philippines. Photo : © Banque mondiale Une commerçante dans un marché à Las Pinas (Grand Manille), aux Philippines. Photo : © Banque mondiale

El año pasado fue uno de los más difíciles de la historia reciente debido a los duros impactos sanitarios, económicos y sociales de la crisis provocada por la COVID-19.  Los efectos se han sentido en todas partes, sin que ningún país esté a salvo. Sin embargo, no han afectado de la misma manera a todos.

Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores con menos educación —grupos que probablemente se encontraban en desventaja en el mercado laboral incluso antes de la crisis— tuvieron más probabilidades de perder su empleo inmediatamente después del inicio de la pandemia. Esta es la principal conclusión de uno de nuestros estudios recientes (i), en el que se utilizaron datos recopilados al comienzo de la crisis en 34 países mayoritariamente de ingreso bajo y mediano de todo el mundo (i), que representan una población combinada de casi 1400 millones de personas. En relación con los hombres, las mujeres tenían 11 puntos porcentuales más de probabilidades de haber perdido su empleo;  se encontró una diferencia similar entre los trabajadores con estudios superiores y los que tienen estudios primarios o menor educación. Los trabajadores jóvenes y de mayor edad también sufrieron los peores impactos laborales de la pandemia, en comparación con los trabajadores en edad de máximo rendimiento.

Image
Impacto de la pandemia

Si bien muchos países en desarrollo implementaron transferencias sociales de emergencia para tratar de mitigar los efectos negativos de la pandemia en el bienestar, estas no han sido suficientes (PDF, en inglés) para contrarrestar dichos impactos. Por ejemplo, los países de ingreso bajo gastaron alrededor de USD 6 por persona en programas de protección social relacionados con la COVID-19, mientras que los países de ingreso mediano bajo gastaron un promedio de USD 26 per cápita. Como resultado, la pérdida de puestos de trabajo se tradujo en pérdidas de ingresos para dos tercios de los hogares en promedio  —más graves en el caso de los hogares con mujeres, jóvenes y trabajadores con menor nivel de educación— y privó a muchos incluso de las necesidades más básicas.

Los datos del estudio muestran que, en promedio, el 15,3 % de las personas entrevistadas vio que uno o más adultos de su hogar no comían durante un día completo debido a la falta de recursos, y esto era más alto en los hogares que se vieron afectados por la pérdida del empleo y de los ingresos. Ello coincide con las estimaciones mundiales que indican que entre 119 millones y 124 millones de personas fueron empujadas a la pobreza en 2020, perdiéndose años de avances conseguidos con tanto esfuerzo.

Sin embargo, uno de los efectos más desafortunados y potencialmente más perjudiciales de esta crisis solo será visible a largo plazo: los impactos de la disrupción generalizada y sin precedentes en el aprendizaje. Debido al cierre de las escuelas en todo el mundo para contener la propagación del virus, la educación de 1600 millones de niños se vio interrumpida. Las alteraciones han sido más graves en los países con el Índice de Capital Humano (i) más bajo, ampliando la brecha con los países más ricos. Dentro de los países también, los niños más desfavorecidos —los niños de las zonas rurales de hogares de ingreso bajo con padres con poca educación— se vieron más afectados por las interrupciones del aprendizaje.  La magnitud de este impacto es considerable y podría poner a muchos niños, especialmente aquellos de entornos desfavorecidos, en una senda más desfavorable a lo largo de su vida (i).

En todos los países, a medida que se están administrando las vacunas y las perspectivas de crecimiento económico apuntan a cierta recuperación este año, por fin estamos empezando a ver algo de luz al final del túnel. Sin embargo, de la misma manera en que los impactos de la pandemia han sido desiguales, la recuperación corre el riesgo de serlo también.  Los datos de las encuestas de alta frecuencia del Banco Mundial utilizadas para el estudio muestran que, una vez más, las mujeres, los trabajadores con poca educación y los trabajadores jóvenes están regresando al trabajo a un ritmo más lento que otros grupos.

Nuestro estudio también muestra que los efectos de la pandemia han sido más desiguales en los países donde las desigualdades preexistentes eran mayores,  donde el acceso a oportunidades esenciales como la educación básica, el agua potable y la electricidad están determinados en gran medida por circunstancias tales como la ubicación, el origen de los padres y la situación económica del hogar. En estos países, se corre el riesgo de que la pandemia consolide aún más la desigualdad de oportunidades si no se toman medidas rápidamente.

La crisis proporciona una oportunidad de llevar a cabo reformas para, de una vez por todas, abordar los obstáculos a la igualdad de oportunidades que existían antes de la crisis (en el acceso al aprendizaje, la salud, buenos empleos, los servicios de cuidado infantil y otros), y que han aumentado la vulnerabilidad de algunos grupos. Si bien los esfuerzos en materia de políticas no deben perder de vista la mitigación de los impactos negativos a corto plazo de la pandemia en los hogares y los trabajadores más desfavorecidos, también pueden promover una recuperación inclusiva y fortalecer la resiliencia de las personas ante crisis futuras a través de un mejor acceso a las oportunidades para todos. Se trata de una oportunidad que no podemos dejar pasar.


Autores

Tom Bundervoet

Economista superior, Departamento de Prácticas Mundiales de Reducción de la Pobreza y Promoción de la Equidad

Únase a la conversación

Este contenido no se mostrará públicamente
Caracteres restantes: 1000