Caminos rurales, un salvavidas para generar empleos y competitividad en Guatemala

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Contar con mejores carreteras y caminos rurales es clave para la productividad agrícola y la competitividad.
Contar con mejores carreteras y caminos rurales es clave para la productividad agrícola y la competitividad. Foto: María Fleischmann / Banco Mundial

Despiertas a las 4 a.m. y calculas que, si sales pronto, llegarás justo a tiempo a la cita que tienes a las 11 a.m. en el centro de salud más cercano. ¿Cómo es posible si el centro de salud está a 20 kilómetros de tu hogar?  Esta es una realidad en el área rural de Guatemala, donde vive la mitad de los guatemaltecos. En las zonas rurales, una de cada cuatro personas (i) debe caminar más de 2 kilómetros desde su hogar para llegar a una ruta o carretera que sea transitable durante todo el año. 

Así, la vida de muchos guatemaltecos transcurre básicamente aislada de la red vial y, con eso, alejada de oportunidades y servicios públicos.  Eso fue más evidente aún cuando se llevó a cabo la vacunación contra la COVID-19: quienes viven lejos de las carreteras tuvieron menos posibilidades de recibir una vacuna.

A pesar de ser la economía más grande de Centroamérica, Guatemala tiene bajos índices de conectividad y calidad vial: ocupa el puesto 134 de 141 países en conectividad vial (i). Además, la percepción de la calidad de infraestructura vial se ha deteriorado, situando al país en el puesto 84 de 137. Mientras tanto, El Salvador, Honduras, Nicaragua y otros países comparables tienen mejores resultados en conectividad y calidad vial.

¿Por qué Guatemala tiene una red vial tan deteriorada? 

La escasa y deteriorada red vial en Guatemala se debe en parte a una baja inversión para su mejora y mantenimiento.  Durante la última década, las inversiones en infraestructura vial solo han representado en promedio un 0,7 % del Producto Interno Bruto (PIB) cada año (el mínimo histórico fue del 0,4 % en 2017). Para cerrar las brechas en construcción, mantenimiento y reemplazo de infraestructura vial se requeriría una inversión anual aproximada de 1,0 % del PIB.

El deterioro vial se debe también a los impactos de lluvias y desastres. El 24 % de la red de carreteras de Guatemala está expuesta (i) a inundaciones, el 51 % a deslizamientos de tierra, el 70 % a huracanes y el 88 % a terremotos. Los caminos rurales son particularmente vulnerables al riesgo climático debido a su baja resiliencia.

Un nuevo modelo para generar más beneficios

Está claro que se necesita una mayor y mejor inversión para la red vial -sobre todo rural- en Guatemala. Pero ¿cuáles son las oportunidades para que la inversión en caminos rurales sea un salvavidas para generar más empleos y competitividad? 

  • Caminos mejor planificados: un plan nacional de conectividad, diseñado sobre sólidos principios técnicos, permitirá priorizar las obras a futuro, definir estándares de calidad, establecer el modelo de contratación (con nuevas modalidades de construcción y mantenimiento) y asignar los recursos en un período no menor a 5 años.
  • Caminos más resilientes: fortalecer las especificaciones técnicas en el diseño de caminos rurales y troncales permitirá que sean transitables durante todo el año. Incorporar estas especificaciones desde la concepción del proyecto ahorra a mediano plazo una buena cantidad de recursos públicos.
  • Caminos más seguros: más del 40 % de los accidentes de tránsito (la segunda causa de muerte en Guatemala) ocurre en áreas rurales, donde es mucho más probable que sean fatales o graves debido al bajo acceso a centros de salud. Los caminos rurales deben incluir infraestructura de seguridad vial, como aceras, señalización, carriles exclusivos para modos de transporte no motorizados y, cuando sea posible, iluminación. Estas obras pueden ser complementadas con campañas de concientización y mejora de las prácticas de manejo y otorgamiento de licencias para conducir.
  • Caminos más incluyentes: la infraestructura vial actual acentúa las brechas de género. En las zonas rurales más aisladas, las mujeres deben viajar en condiciones muy precarias de comodidad y seguridad. Una segunda brecha es la baja participación laboral femenina en el sector de transporte y trabajos en infraestructura vial, sobre todo en puestos técnicos y directivos en el sector público. Otra oportunidad clave de inclusión es una mayor participación de las comunidades e implementar mecanismos que permitan informarles adecuadamente e incorporar su retroalimentación en las obras civiles.

Una inversión con esas características tendrá múltiples beneficios. Mejores carreteras y caminos rurales en Guatemala darían acceso más fácil para poblaciones rurales a productos, servicios y oportunidades . Impactarían positivamente en la seguridad nutricional. Brindarían mayor acceso a servicios y suministros médicos, especialmente para mujeres. Harían más fácil y seguro el trayecto de los estudiantes a las escuelas. Se generarían empleos directos e indirectos en el corto plazo y a nivel local. Además, harían más eficiente el acceso a insumos para producción agrícola y alentarían a pequeños agricultores a invertir en cultivos de alto valor. Aumentaría la productividad y la competitividad.

Ahora corresponde trabajar para cambiar positivamente el futuro. Por eso, en el nuevo Marco de Asociación del Banco Mundial con Guatemala se contempla un proyecto de caminos rurales para mejorar el acceso a infraestructura y servicios básicos (y así fortalecer el capital humano), aumentar la resiliencia al cambio climático y mejorar el acceso a oportunidades económicas. Más importante aún, el proyecto plantea establecer un nuevo modelo de gestión de infraestructura. La población guatemalteca y las generaciones futuras lo merecen.

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Autores

Marco Scuriatti

Representante del Banco Mundial en Guatemala

Fernando Paredes Solorzano

Oficial sénior de Operaciones del Banco Mundial en Guatemala

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