Introducción al informe La pobreza y prosperidad compartida 2020

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El costo humano de la COVID-19 es inmenso y hay cientos de millones de personas en el mundo en desarrollo que están cayendo de nuevo en la pobreza.  Las proyecciones del informe indican que, en 2020, entre 88 millones y 115 millones de personas podrían volver a ser extremadamente pobres como resultado de la pandemia. Con un aumento adicional de entre 23 millones y 35 millones de personas en 2021, la cantidad total de nuevos pobres podría ser de entre 110 millones y 150 millones. La evidencia preliminar también sugiere que la crisis podría aumentar la desigualdad en gran parte del mundo. Además, podría generar grandes pérdidas de capital humano entre las personas que ya se encuentran en desventaja, dificultando que los países vuelvan a una senda de crecimiento inclusivo aún después que las crisis terminen.

“Cada país debe tratar de lograr una recuperación sólida y prepararse mejor para futuras amenazas, y el Grupo Banco Mundial está dispuesto a ayudar”.

En nuestro informe Pobreza y prosperidad compartida 2020 se analizan tres fuerzas convergentes que impulsan este aumento de la pobreza mundial y que amenazan con extender sus efectos en el futuro: la COVID-19, los conflictos armados y el cambio climático. El cambio climático puede sumir en la pobreza a unos 100 millones de personas más para 2030, muchas de las cuales viven en países afectados por la fragilidad institucional y los conflictos armados, y donde la pobreza extrema mundial se concentra cada vez más. Frente a estas múltiples conmociones, las naciones deberán trabajar en muchas materias para salvar las vidas y los medios de subsistencia, proteger a sus ciudadanos más vulnerables y reactivar el crecimiento inclusivo.

Este informe proporciona nueva información sobre el surgimiento de zonas críticas, donde confluyen múltiples amenazas a las vidas y los medios de subsistencia de los pobres. Muchas de estas zonas críticas se encuentran en África al sur del Sahara, una región donde se cree vivirá aproximadamente un tercio de las personas que se han empobrecido recientemente debido a la COVID-19. El Grupo Banco Mundial aumentó su apoyo a las regiones en las que se concentra cada vez más la pobreza extrema, los conflictos armados prevalecen de manera desproporcionada y grandes poblaciones enfrentan graves riesgos vinculados al cambio climático, que incluyen desde inundaciones hasta plagas de langostas. Estamos abordando un sinnúmero de problemas urgentes, entre ellos la asistencia alimentaria, la conectividad digital y el acceso equitativo a medios de diagnóstico, tratamientos y vacunas para la COVID-19.

“Debemos comunicarnos con claridad y trabajar juntos para revertir el revés que ha representado la COVID-19 y construir un mundo mejor después de que haya pasado esta crisis”. 

Más allá de las respuestas inmediatas a la pandemia, los encargados de formular políticas deben permanecer atentos a los desafíos de desarrollo más amplios.  Incluso antes de la pandemia, el desarrollo en los países más pobres del mundo era demasiado lento para aumentar los ingresos de muchas personas, mejorar el nivel de vida o reducir la desigualdad. Durante el período de recuperación, las naciones deben retomar una agenda de desarrollo a más largo plazo que promueva el crecimiento sostenible e inclusivo, las inversiones en capital humano y la mejora de la calidad de la administración y los servicios públicos, manteniendo al mismo tiempo la legitimidad política y garantizando que los niveles de deuda sean manejables y transparentes.

En estrategias bien diseñadas se pueden incorporar enfoques que los países han aplicado con éxito en los últimos años, aprovechando la investigación y los conocimientos que la comunidad del desarrollo ha recopilado a lo largo del tiempo. Cada país debe tratar de lograr una recuperación sólida y prepararse mejor para futuras amenazas, y el Grupo Banco Mundial está dispuesto a ayudar. 

Me alienta ver a los países que ya están adoptando medidas audaces, aprendiendo de manera rápida y compartiendo sus experiencias y resultados en beneficio de otros. Debemos comunicarnos con claridad y trabajar juntos para revertir el revés que ha representado la COVID-19 y construir un mundo mejor después de que haya pasado esta crisis.

Puede consultar esta página (PDF, en inglés) para leer el informe Pobreza y prosperidad compartida 2020: Un cambio de suerte.

Este artículo se publicó originalmente en LinkedIn (i).

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Autores

David Malpass

Expresidente del Grupo del Banco Mundial