AIF: garantizar un futuro más resiliente en los entornos frágiles y afectados por conflictos

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Una niña refugiada de 14 años, que tiene ocho meses de embarazo, recibe atención en un hospital en el campamento de refugiados Ifo 2, ubicado en Dadaab, Kenya. Fotografía: © Dominic Chavez/Banco Mundial.
Una niña refugiada de 14 años, que tiene ocho meses de embarazo, recibe atención en un hospital en el campamento de refugiados Ifo 2, ubicado en Dadaab, Kenya. Fotografía: © Dominic Chavez/Banco Mundial

En los últimos años, se ha incrementado la cantidad de situaciones de fragilidad y conflicto en todo el mundo. Los países que las padecen se ven además particularmente afectados por la pobreza... y ahora por la COVID-19.  A comienzos de este año estimábamos que para 2030, las dos terceras partes de las personas extremadamente pobres de todo el mundo vivirían en países afectados por fragilidad, conflicto y violencia (FCV); la pandemia no ha hecho más que exacerbar la situación. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no podrán alcanzarse en estos entornos frágiles, donde el desafío radica en garantizar la paz y las posibilidades de un desarrollo inclusivo y sostenible.

Al mismo tiempo, se convoca a la comunidad internacional para que haga su parte, no solo propiciando la paz, sino también brindando asistencia para el desarrollo. Y esto es exactamente lo que la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los más pobres, ha estado haciendo.

En el marco de la decimoctava reposición de los recursos de la AIF (AIF-18), que finalizó en junio, aumentamos a más del doble en un período de tres años el apoyo destinado a las situaciones frágiles y afectadas por conflictos, que pasó de USD 10 200 millones a USD 23 000 millones. Gracias a esto, más de 38 millones de personas pudieron acceder a servicios de salud esenciales, se vacunaron más de 15 millones de niños y más de 17 millones de personas se beneficiaron con programas de protección social.

Esto representa un gran avance. Pero hace falta mucho más. 

Ayudar a abordar los impactos de la COVID-19

Estoy sumamente preocupado por el modo en que la pandemia de COVID-19 ha expuesto y agravado las vulnerabilidades sanitarias, económicas y sociales existentes, al tiempo que amenaza la vida y los medios de subsistencia en algunos de los entornos más frágiles.

“Los países afectados por FCV atraviesan la recesión más profunda de que se tenga registro, y entre 18 millones y 27 millones de personas más están cayendo en la pobreza extrema”.

Asimismo, se prevé que las remesas de los migrantes transfronterizos y los refugiados disminuirán en promedio un 20 % este año.  En 2019, las remesas representaron montos más grandes que los de la ayuda internacional para los países afectados por FCV, y han constituido un recurso vital para muchas de las comunidades más pobres en esos contextos..

Hasta fines de agosto, la asistencia relacionada con la COVID-19 (i) canalizada a través de la AIF había llegado a 28 países afectados por FCV con el objetivo de ayudarlos a fortalecer las redes de protección social y brindar apoyo a los más vulnerables. Estas inversiones ayudan a abordar las causas de la fragilidad a la vez que encaran de forma directa la pandemia y fortalecen los sistemas de salud de los países, con el propósito de sentar las bases para una recuperación más resiliente, desde Haití y Afganistán hasta Burkina Faso y Papua Nueva Guinea.

Aprovechar el poder de las asociaciones

Tanto en nuestra respuesta a la COVID-19 como en otras áreas trabajamos con una amplia gama de asociados con el fin de sacar provecho de nuestras ventajas comparativas y maximizar el impacto.  En el Sahel, por ejemplo, proporcionamos cerca de USD 6000 millones y nos asociamos con entidades del área de asistencia humanitaria, paz y seguridad, en particular el Grupo de los Cinco del Sahel (en francés) y la Alianza para el Sahel (i), con el fin de respaldar la paz y la estabilidad en la región. Con este apoyo para el desarrollo se ha buscado principalmente brindar servicios esenciales y fortalecer las instituciones. En respuesta al aumento de la inseguridad alimentaria producido en Somalia en 2017, nos asociamos con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a través de un programa de USD 50 millones (i) con el que se mejoró el acceso de 767 000 somalíes a los alimentos y se contribuyó a evitar la hambruna.

La AIF-18 también dio lugar a cambios transformadores para los refugiados y las comunidades que los reciben, pues se invirtieron USD 1850 millones para respaldar 35 operaciones en 14 países (i). En Camerún, Chad, Níger, República del Congo y Uganda contribuimos a fortalecer los sistemas nacionales para que puedan brindar servicios de salud, educación, redes de protección social, agua y saneamiento. Nuestra asociación con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) complementa las tareas humanitarias esenciales de socorro con la asistencia de más largo plazo necesaria para generar oportunidades económicas, consolidar los medios de subsistencia y establecer políticas más inclusivas en los países receptores que permitan brindar apoyo a los refugiados.

En el marco de la AIF-18 se utilizó también el enfoque innovador que ofrece el Servicio de Financiamiento para el Sector Privado, un mecanismo dotado de USD 2500 millones que contribuyó a crear empleos y oportunidades económicas en contextos sumamente complejos de fragilidad y bajos ingresos. En Afganistán, por ejemplo, una alianza público-privada por valor de USD 89 millones (i) reúne a diversos organismos integrantes del Grupo Banco Mundial con el objetivo de ampliar el acceso de la población a la energía incrementando la capacidad nacional de generación de electricidad en hasta un 30 %.

De cara al futuro: los contextos de FCV constituirán el eje de la AIF-19

Estas sólidas bases se ampliarán durante la decimonovena reposición de los recursos de la AIF (AIF-19) (i), que se puso en marcha en julio de 2020 y se extenderá hasta junio de 2023. El financiamiento que se destinará a los contextos de FCV, estimado en USD 25 000 millones, se adaptará de manera tal de hacer frente a los diversos desafíos de los países. Esto incluye brindar apoyo para evitar el agravamiento de los conflictos, mantener la colaboración con los países durante y después de las crisis para preservar el capital humano y las instituciones clave, y ayudar a generar oportunidades de desarrollo para los refugiados y las comunidades que los reciben.

La prevención de conflictos es un pilar clave de nuestro enfoque como institución de desarrollo  y fue puesto de relieve en la primera Estrategia del Grupo Banco Mundial sobre FCV, dada a conocer a comienzos de este año.

“Cada USD 1 invertido en medidas de prevención permite ahorrar USD 16 más adelante, lo que significa que abordar los factores que impulsan la fragilidad es una de las formas más eficaces de enfocar el apoyo para el desarrollo”.

En el futuro, con nuestro financiamiento buscaremos en particular ayudar a los Gobiernos a abordar de forma proactiva los riesgos y las reclamaciones, incluidas las que se derivan de la exclusión, la desigualdad de género y otras inequidades, así como de la falta de acceso a empleos y servicios, antes de que se conviertan plenamente en conflictos.

Por otro lado, estamos adaptando el modo en que llevamos adelante las operaciones en los entornos más complejos mediante una mayor presencia de nuestro personal y mayor uso de la tecnología. Desde 2017, se han sumado más de 150 funcionarios adicionales al personal que trabaja en situaciones afectadas por fragilidad y conflicto, desde Goma hasta Yuba y Kabul. En los próximos tres años incorporaremos otros 150. No obstante, la cuestión no radica solo en la presencia del personal: la ejecución y la supervisión de proyectos en áreas inseguras puede ser extremadamente difícil. Por este motivo comenzamos a utilizar soluciones tecnológicas simples y de bajo costo que nos permitan tener "ojos" en sitios donde no siempre podemos poner pie. Mediante nuestro método de Relevamiento Geográfico para Facilitar el Seguimiento y la Supervisión (GEMS) (i), por ejemplo, se fortalece la capacidad de nuestros clientes, los asociados locales y los equipos a cargo de los proyectos para utilizar herramientas de código abierto que permiten recopilar y analizar en tiempo real datos geoetiquetados. El método GEMS se ha implementado ya en más de 450 proyectos de más de 40 países, con fuerte énfasis en los entornos frágiles y en las operaciones de respuesta a la COVID-19.

En un momento en que brindamos apoyo a los países para abordar los desafíos sanitarios y económicos que presenta la COVID-19 en entornos afectados por FCV, la labor de la AIF será más importante que nunca.  Con la capacidad de la AIF para brindar apoyo para el desarrollo a largo plazo y complementar así las intervenciones humanitarias de nuestros asociados, tenemos la oportunidad de asistir a las comunidades más marginadas y vulnerables y contribuir a generar resiliencia a medida que los países se recuperen.

ENLACES RELACIONADOS

Asociación Internacional de Fomento (AIF)

El Grupo Banco Mundial y la COVID-19 (coronavirus)

Banco Mundial: Fragilidad, conflicto y violencia (i)