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Para hacer frente al cambio climático hay que abordar la corrupción

Photo de sols dégradés par la sécheresse Photo de sols dégradés par la sécheresse

Es fácil pensar en las prioridades de desarrollo como objetivos distintos que deben competir entre sí para aparecer en los titulares de la prensa y ganarse la atención del público. Sin embargo, estas metas a menudo se refuerzan mutuamente. Por poner un ejemplo, abordar el cambio climático constituye el desafío de nuestro tiempo, pero cuando se encaran otros problemas también es posible apoyar esos esfuerzos, en lugar de socavarlos. La lucha contra la corrupción es un caso claro. A los redactores de titulares les gusta poner las cifras en dólares (PDF, en inglés) para señalar los costos de la corrupción, pero el daño real adopta la forma de inversiones mal dirigidas y de mala calidad, entre las que figuran los desembolsos que se necesitan para mitigar los efectos del aumento del nivel del mar y la desertificación. Los verdaderos costos de la corrupción son las respuestas lentas e inadecuadas a los desastres naturales, cuya frecuencia aumenta debido al cambio climático. Los verdaderos costos aparecen en la forma de un espacio fiscal debilitado incapaz de hacer frente a necesidades urgentes como la crisis climática.

No es de extrañar que algunos de los sectores que son cruciales para enfrentar el cambio climático también se destaquen por presentar elevados riesgos de corrupción.  Las industrias extractivas (i), caracterizadas por grandes costos y grandes ganancias, han sido durante mucho tiempo una preocupación para los activistas ambientales y los que luchan contra la corrupción. El volumen de las ganancias, las ubicaciones remotas y los desequilibrios de poder entre las personas afectadas y quienes toman las decisiones pueden dar lugar a una enorme fuente de corrupción. Más allá del riesgo de que los dirigentes cleptocráticos y las empresas extractivas capten esas ganancias, la corrupción también facilita que se eludan las regulaciones y los reclamos, lo que da como resultado daños ambientales y uso excesivo de los recursos. Como se indicó en el primer informe de los servicios de inteligencia de Estados Unidos referido al cambio climático (PDF, en inglés), los países que dependen de los combustibles fósiles para obtener fondos "tienen dificultades para diversificar sus fuentes de ingresos de exportación debido a los intereses políticos arraigados, la corrupción endémica y la falta de instituciones económicas y jurídicas".
 

"No es de extrañar que algunos de los sectores que son cruciales para enfrentar el cambio climático también se destaquen por presentar elevados riesgos de corrupción".

Otras estrategias de mitigación también pueden verse debilitadas por la corrupción. El camino hacia la silvicultura (i) sostenible, por ejemplo, debe pasar por una maraña de corrupción (i) en las concesiones, los organismos de cumplimiento, las aduanas y los mercados extranjeros, lo que lleva a la pérdida y el uso indebido de los ingresos (PDF, en inglés). Las fuentes de energía renovables, como la solar, son prometedoras (i), siempre y cuando la corrupción no desvíe los subsidios, infle los costos o siembre dudas sobre su eficacia.

Asimismo, la corrupción puede ser un obstáculo para la acción colectiva (i) significativa. En los sitios donde la política y las empresas se entremezclan de manera estrecha, los intereses que se oponen a la reforma de la regulación, los impuestos y otras medidas necesarias para abordar el cambio climático encuentran ventajas en la línea borrosa que separa la legalidad de la ilegalidad.

Incluso en los países que controlan de modo adecuado la corrupción, es inevitable que surjan esfuerzos por influir en las políticas relacionadas con el clima, que a menudo resultan exitosos.  Pero en los lugares donde la corrupción está mal controlada, esta influencia encuentra un atajo. La desigualdad en el poder de presión (i), las puertas giratorias y los conflictos de intereses ponen trabas a los impuestos al carbono (i). Asimismo, dada la captura del Estado por parte de las compañías energéticas dominantes basadas en el carbono, las fuentes de energía respetuosas respecto del clima pueden tener dificultades para encontrar siquiera una base donde desarrollarse. Y estos no son casos aislados que solo afectan el progreso de manera marginal, tal como puede confirmarse con un simple vistazo al atlas de casos sobre clima y corrupción (i) elaborado por Transparencia Internacional.

Si bien enfrentar todos los tipos de corrupción y captura del Estado puede resultar de utilidad, algunos temas que ya figuran entre los más importantes de la agenda de la lucha contra la corrupción están estrechamente relacionados con el cambio climático. El impulso que se observa en todo el mundo por mejorar la transparencia respecto de los beneficiarios efectivos (i) y poner fin al abuso de las empresas fantasma (i) puede generar dividendos climáticos. Y si se presta atención a la corrupción en el diseño de proyectos de cambio climático (i), se pueden generar avances respecto de ambos objetivos.


"El comportamiento humano ha causado (y está causando) el cambio climático. Algunos tipos de conductas humanas, como el incumplimiento de las reglas que implica la corrupción, lo agravan y lo hacen aún más difícil de abordar".

El comportamiento humano ha causado (y está causando) el cambio climático. Algunos tipos de conductas humanas, como el incumplimiento de las reglas que implica la corrupción, lo agravan y lo hacen aún más difícil de abordar.  Los esfuerzos por modificar ese comportamiento, por prestar atención a la corrupción, por aprovechar la experiencia (PDF, en inglés) para implementar enfoques prácticos que permitan hacer frente a la corrupción y la captura del Estado (PDF, en inglés) apoyarán a su vez las iniciativas dirigidas a abordar el cambio climático.

Esta publicación es parte de una serie en la que se presenta el trabajo relacionado con el clima que el Grupo Banco Mundial lleva adelante a través del Grupo de Prácticas de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones, que incluye las siguientes Prácticas Mundiales: Buen Gobierno; Finanzas, Competitividad e Innovación, y Macroeconomía.

Autores

Jim Anderson

Especialista principal en gobernanza, Banco Mundial

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